remoMientras los jóvenes se subieron al podio en Buenos Aires 2018, la disciplina carece de renovación entre los mayores, tiene serios problemas en su Pista Nacional y sufre los errores de su dirigencia 

(Por Mariano Ryan, publicado por el diario Clarín)  Las medallas de María Sol Ordás, Tomás Herrera y Felipe Modarelli son una brisa fresca pero el aire es muy denso en uno de los deportes con más rica historia en nuestro país que le dio enormes representantes como Tranquilo Capozzo, Eduardo Guerrero (campeones olímpicos en 1952) o Alberto Demiddi, el más grande remero argentino de todos los tiempos.

 

Una Pista Nacional que es una vergüenza, atletas que no se renovaron y un equipo nacional que tiene a remeros de más de 30 años entre los mejores y dirigentes que se cansaron de equivocarse con desastres organizativos que se repiten cada vez más seguido. Tres de las patas del remo -la cuarta es la de los entrenadores, cuya responsabilidad de designarlos es de los dirigentes pero que merecen un párrafo aparte- ofrecen muchos puntos débiles. Algunos más que otros, por supuesto.

La Pista ya no es una pista. Nunca nadie pudo -ni supo- arreglar el tema de la contaminación de sus aguas o de la acumulación de basura. Y aquí la política también tiene su cuota de responsabilidad: el canal aliviador en el que se construyó en Tigre forma parte de los 50 kilómetros de extensión del río Reconquista y su curso atraviesa más de 15 municipios. Ese río alguna vez formó parte de uno de los ecosistemas más ricos de la Provincia de Buenos Aires, pero en menos de medio siglo se convirtió en una de las cuencas más contaminadas de Argentina. En el medio hubo una decena de proyectos oficiales que prometieron limpiarlo pero ninguno llegó a concretarse. Y el remo lo sufrió. Y lo sufre. Tanto que desde hace un tiempo su lugar de entrenamiento es Nordelta donde, por ejemplo, no hay lugar para guardar los botes.

Cristian y Brian Rosso, Ariel Suárez y Milka Kraljev. Los cuatro siguen siendo la punta del iceberg entre los remeros, pero el problema es que prácticamente lo son desde los Panamericanos de Guadalajara 2011. ¿Y debajo de ellos? Nadie. O casi nadie, para ser más benévolos. Por eso recién hay que fijarse en los flamantes medallistas olímpicos para aventurar algún éxito entre los mayores, pero muy a futuro. De hecho, el último resultado importante del remo argentino se dio en Londres 2012 cuando Cristian Rosso y Suárez quedaron a sólo dos segundos del bronce en el doble. En los Panamericanos de Toronto hubo un sólo oro y se resignó el primer puesto a manos de Chile en los Sudamericanos de Cochabamba.

Por último, los dirigentes no saben para qué lado ir. Desde hace rato. Pensaron que con el cuarto puesto de Rosso-Suárez la medalla de bronce llegaría automáticamente en Río de Janeiro y entonces contrataron al francés Jean-Raymond Peltier, muy respetado en el mundo. ¿El resultado? Peltier no se ocupó de las bases y fue despedido un mes antes de los Juegos Olímpicos. Desde hace dos meses la Selección está sin DT (echaron a Hernán Leguizamón) y ahora quieren seducir a Martín Cambareri, entrenador de los flamantes medallistas olímpicos, con Santiago Fernández como manager.

Ordás, Herrera y Modarelli sólo trajeron una atmósfera renovada. Dejarles toda la responsabilidad sería brutal. Por eso su deporte les debe una respuesta. A ellos y a muchos otros pibes que no paran de remar.

Categories: Deportes

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