Agravaron la acusación contra el presidente de la Liga Argentina de Derechos Humanos

José Ernesto Schulman, apenas citado a indagatoria por la agresión a una empleada en la terminal de ómnibus de Santa Clara del Mar, deberá enfrentar la figura de “violencia de género” como agravante de la situación.

Schulman agredió fisica y verbalmente a una empleada de una boletería. Su pedido de disculpas estuvo rigurosamente hecho en lenguaje inclusivo

“¿De qué te reís, pelotuda?”, había insultado Schulman a la trabajadora, que estaba del otro lado del mostrador. Aun así, el agresor abrió la puerta que separa al personal del público, le pegó una cachetada y advirtió que no se iba a retirar del lugar, como ella le había pedido para calmar la situación. “No me voy una mierda. Andá vos, hija de puta”, le replicó.

Toda la secuencia quedó registrada por cámaras de seguridad de las oficinas de la terminal de Santa Clara del Mar, localidad que está a unos 20 kilómetros al norte de Mar del Plata. Copia de esos registros llegaron a manos del fiscal Diego Benedetti, a cargo de la Unidad Fiscal de Mar Chiquita, que esta mañana terminó de definir la acusación.

En función de esa grabación, que es prueba contundente, más algunos testimonios recabados en la investigación se llegó a este agravamiento en los cargos contra Schulman, ahora citado a declaración indagatoria. Se expone a penas de seis meses a dos años de prisión, por lo que en principio afrontará esta etapa del proceso en libertad.

A partir de la difusión pública que tuvo este caso fue que el dirigente presentó un pedido de licencia en el cargo que tiene al frente de la LADH, entidad en la que anticiparon que evaluarán lo ocurrido para determinar si toman algún tipo de medida para con su máxima autoridad. Al momento del episodio que es motivo de investigación judicial. Schulman vestía una remera con el nombre de la citada institución estampado en el pecho.

Además de tomar distancia de su cargo en esa entidad también publicó en redes sociales un mensaje con el que intentó justificar su reacción y mostrar algo de arrepentimiento. “Pido públicamente disculpas por haber llevado adelante una conducta reprochable en una terminal de ómnibus”, dijo Schulman y se reconoció “consciente de que mi comportamiento con una trabajadora fue inaceptable y nada lo justifica”.

Luego, siempre con utilización de lenguaje inclusivo, argumentó sobre el “por qué” de su reacción: “Como muches saben, soy discapacitado motriz y pasaron muchas horas de espera de un micro para regresar, que me produjeron un enorme dolor y me desencajaron”, describió.