Asociación desordenada en contexto de confusión generalizada.

Las cartas del Profesor Krauth

En febrero de 1993 se murieron 29 personas que habían tomado vino en damajuana Sol Cuyano y Mansero. La memoria a veces funciona así, asocia datos que parecen inconexos. Eso es lo primero que recordé cuando me enteré del desastre que habia producido la droga adulterada en el oeste del conurbano bonaerense.

Anibal Fernández y Sergio Berni, animan una polémica de la que se ha perdido el sentido…

Me acuerdo que en esos días aumentó mi desprecio por algunos «artistas» y personajes de los medios que hacían gala de la cultura del reviente,  y que con absoluta falta de empatía y responsabilidad hablaban y relataban  liviana y graciosamente su relación con las drogas. Sin pensar, sin detenerse a pensar, ni por un segundo, que muchos de los pibes que los escuchaban y que, tal vez, hasta los tenían de ídolos, de ninguna manera podrían acceder a la calidad de drogas o de alcohol que ellos consumían. Mientras ellos podían comprar «de la buena», los que los veian por televisión se reventaban los pulmones, la cabeza y la vida misma con el tetra, el paco y la pasta base. Y más aún, las posibilidades de contención social y económica, y por lo tanto de rehabilición eran infinitamente diferentes a los de cualquier habitante de un barrio vulnerable.  Con total impunidad romantizaban el mundo de las drogas y su mensaje parecía decir que quien no consumía algún tipo de falopa era casi un pelotudo.

– Hoy no, gracias. No, en serio. Un cortado nomás.  Decile que lo haga con amor por favor.

Creo firmemente en que para analizar un problema siempre hay que tratar de verlo desde el lugar de los más débiles. Por eso, no me vengan con que tal o cual estuvieron en el infierno de la droga y después salieron y ahora son personas ejemplares, comen alimentos orgánicos y salen a correr todos los dias  Ni tampoco con que hay algunos que pueden consumir tranquilamente sin volverse adictos. Pensemos en los que no pudieron salir. Pensemos en los que nunca van a poder salir. Pensemos en los que ya tienen su libertad restringida por una adicción que los condiciona de forma esencial.  «La única ley verdadera es aquella que conduce a la libertad» dice un poster celeste con un gaviota ( Juan Salvador Gaviota) que le regalé a mi sobrino cuando nació y que ahora está en la pared del cuarto de mis hijos. Creo en eso. Por eso doy clase y por eso milité. Antes que me salten a la yugular voy a decirles que sé de los innumerables obstáculos que restringen nuestra libertad. Leí a Sartre, sé del infierno de los otros y de todas los condicionantes  personales, familiares, sociales y económicas que atentan contra nuestra libertad. En «El otro»,  Borges relata que se encuentra con él mismo en otro tiempo, «hablamos poco. No podíamos engañarnos, lo que dificulta el diálogo » dice en un momento. Es así, el contacto con el otro, sea quien sea nos condiciona y, por lo tanto, condiciona nuestra libertad. Es muy difícil ser libre, mucho.  Imaginemos si a todos esos condicionamientos  le sumamos una adicción. Y lo peor, es que en ese discurso «romantizador» de las drogas se cuela que el consumo drogas puede otorgar una sensación libertad desconocida para los boludos y cobardes que no consumen.

– Café, cortado. Apenas. No sirven más café en este boliche. Es noche de café. Así, sencillito.

No sé realmente como se hace para combatir este flagelo ( como verás no me importa caer en el lugar común). No tengo ni la menor idea si hay que legalizarla o no. Hay días que me parece la unica solución; y hay días que eso me parece una atrocidad. Viendo un poquito lo que nos pasa,  creo que nuestras autoridades no saben mucho más que yo, «demasiado ocupados en las palabras como para poner a salvo de ellas las cosas», decía una preciosa canción de Serrat. Discutiendo hasta el hartazgo la culpabilidad de la situación, sin animarse a tomar algún tipo de medida.

Midiendo con el centímetro la jurisdicción del lugar en que ocurren las hechos  para asi desligarse y poderle echarle la culpa otro. «Errar es humano, pero más humano es echarle la culpa a otro» decían Les Luthiers.

– CORTADO. Un cortadito. No tengo derecho a un cortado. ¿Te acordás cuando acá te atendían bien, y te traían un juguito de naranja y algo dulce con el café? Que piojerío viejo, que piojerío. Atendeme bien que me voy a Dejá vú.

Entre toda la confusión, y el desfile de opinólogos dignos del sckechs «Hablemos sin saber», apareció un meme de Anibal Fernández, ja. Que gracioso, no?. Me pregunto qué es lo que hace que este muchacho siga considerándose piola, gracioso, canchero, ganador. Cuál sería la causa para que se autoperciba un vivo de novela. ¿ Será que nos considera a todos unos boludos atómicos?. En mi caso tiene razón, he dado, y sigo dando, muestras de ello a rato a lo largo de mi vida. No hay problema por eso. Pero muchos de los argentinos no lo son, de ninguna manera, y no se merecen el trato de este muchacho que mientras fue ministro se le colaba la efedrina por todos lados y que era ministro del Interior cuando ocurrió la tragedia de Cromagnon. No digo que fuera el culpable, no. No estoy diciendo eso. Digo que el Poder de policía de la ciudad, en esa época, era su responsabilidad.  Entonces, no te hagas el vivo. Por favor.

Como decía más arriba, la confusión es mucha y el dolor y el horror es mucho más. Debo decir que entre todo lo terrible de la noticia, lo que más me dejó perplejo es que, según algunos testimonios, muchos de los intoxicados, compraron droga para ver el partido Argentina vs Colombia.

El problema nos excede.  Infinitamente.

En todas las culturas se practicaron, desde siempre, ritos con sustancias, si se quiere alucinóginas. Tal vez es parte del ser humano y  forme parte de nuestra humanidad la búsqueda de algo que nos lleve más allá y nos ligue a cosas que, a sabiendas,  nos hacen daño. Somos libres de vivir y de morir como queramos. Lo sé.

Pero esto es demasiado. Demasiado.

– Ah, te autopercibís gracioso. Justo hoy me invitás un whisky.

Haceme un favor. Metetelo en el culo.

Amablemente

Enrique Krauth