El Gobierno considera necesario sostener el actual esquema cambiario durante todo el año próximo

Durante el próximo ejercicio, sólo podría esperarse algún tipo de libertades para personas puntuales; como quienes vayan saliendo de los créditos que fueron otorgados durante la cuarentena y que prohíben el acceso a la adquisición de dólares en el mercado oficial. Esto contrasta con las declaraciones del ministro Kulfas al respecto.

Miguel Ángel Pesce. Presidente del Banco Central

Las restricciones cambiarias sobre el dólar continuarán el resto del año y durante la mayor parte de 2022. Y dependerá de los números que muestre la economía al final del próximo ejercicio, el grado de reapertura que tengan las restricciones a la adquisición de divisas en el mercado libre y único de cambio.

Durante el próximo ejercicio, sólo podría esperarse algún tipo de libertades para personas puntuales; como quienes vayan saliendo de los créditos que fueron otorgados durante la cuarentena y que prohíben el acceso a la adquisición de dólares en el mercado oficial. Por el contrario, la mayoría de los contribuyentes y trabajadores en relación de dependencia continuarán con trabas más o menos duras para comprar divisas; manteniendo a más de la mitad (hoy un 70% de las personas), fuera de la posibilidad de acceder libremente a las divisas. Según se desprende de algunas declaraciones, la intención oficial es que los dólares disponibles se destinen exclusivamente a la producción industrial y a la compra de servicios indispensables pensando más en la recuperación económica.

La idea básica del Gobierno en el tema divisas hacia delante es que las divisas estén disponibles al máximo para las empresas que necesiten (y puedan demostrarlo) insumos para poder producir y aumentar las líneas de inversión y uso de la capacidad instalada. Y para ellos deberían derivarse los más de u$s15.000 millones de superávit comercial que se espera se consigan en 2022.

Reconocen en el Gobierno que hay faltantes de divisas para industrias clave como la automotriz, químicos, petroquímicos y energéticos y que en 2022 estos sectores serán prioridad en cuanto a la demanda de divisas. Pero se tiene en cuenta además que el año próximo habrá una cuenta difícil de enfrentar en dólares: es difícil calcular lo que saldrá la necesidad de importar energía, para una economía en crecimiento, se supone, por arriba del 5% interanual y donde en algún momento de comienzos del segundo semestre recuperaría lo perdido durante la pandemia.

Se sabe que habrá que importar combustible desde el exterior, en una cuenta que el país deberá pagar el dólares. En conclusión, las divisas que genere el superávit comercial del próximo ejercicio servirán para financiar las importaciones para sostener el ritmo de recuperación industrial. Pero no alcanzará para mucho más.

Aún teniendo en cuenta que no hay en el cronograma del año próximo grandes vencimientos de deuda privada soberana y que el único vencimiento importante hacia delante, el de más de u$s4.000 millones al FMI en marzo próximo, debería quedar liberado por un acuerdo con el organismo financiero internacional. Si el Facilidades Extendidas reloaded se negociara antes de fin de año, también quedarían en caja los u$s1.800 millones que se deberían pagar al Fondo por el stand by firmado en 2018.

Las trabas en su versión “hard” cumplirán el mes que comienza esta semana un año. Fue durante la finalización de la primer quincena de septiembre, durante la corrida más importante que sufrió el Gobierno de Alberto Fernández y en la que la posición restrictiva del titular del BCRA, Miguel Pesce, se impuso a la más flexible del ministro de Economía Martín Guzmán.

El primero impuso la necesidad de sentarse sobre los dólares de las reservas y defender el poder de fuego. El tiempo demostró que era la estrategia correcta. Al menos para que la política cambiaria pueda ser creíble y defendible en la siempre difícil arena del mercado financiero local. Políticamente se considera además que el cepo “hard” ya está aceptado por la sociedad, y que no genera grandes protestas de parte de un público ya adaptado a las restricciones.

Se considera además dentro del Gobierno, que las tenues liberaciones al cepo son bienvenidas y que no hay presiones mayores. En todo caso, será al blue y a los mercados donde habrá que prestar atención; especialmente si durante 2022 la demanda de divisas se multiplica.

Todo esto fue reconocido con realismo por Pesce. Ante un auditorio especialmente informado y con capacidad plena de toma de decisiones (el Council of The Americas), afirmó el jueves pasado que “el país necesita exportar más y esto es una invocación permanente cuando nos reunimos con empresarios. A medida que exportemos más y acumulemos reservas, seguiremos reduciendo las restricciones”.

Kulfas, en las últimas horas, en un envión político eleccionario había deslizado, hablando con Ámbito Financiero, la idea de que el cepo cambiario podría levantarse en un contexto que él mismo pintó como de fuerte recuperación, casi de abundancia de dólares, pero el ministro nos tiene acostumbrados a sus discursos netamente políticos y a ser vocero de la campaña del Frente de Todos. La verdad es que en materia cambiaria poco cambiará durante el año próximo. De todos modos si algo se sabe en nuestro país, especialmente en materia económica hablar de condiciones estables durante el próximo año, sean estas positivas o no, es una aventura casi exagerada.