El House of Cards argentino: Alberto Fernández entra en crisis a tres semanas de las elecciones

El diario El Mundo, de España, publicó una columna con una semblanza con ojos europeos de la situación que se vive en la Argentina tras la difusión de fotos y videos de reuniones sociales en la Residencia Presidencial cuando estaban prohibidas por decreto del propio Presidente: “Los guionistas de House of Cards mueren de envidia”, asegura.

La publicación completa: Tras la aparición de unas fotos en las que el presidente daba una fiesta con nueve personas en pleno confinamiento, ahora se desvelan vídeos de esa celebración

Los guionistas de House of Cards mueren de envidia ante lo que sucede en estos días en el sur del planeta, en Buenos Aires. Un gobierno contra las cuerdas por la difusión de fotos de una fiesta clandestina del presidente y su pareja en pleno confinamiento por la pandemia, ese mismo gobierno que decide doblar la apuesta y difundir videos de esa fiesta… en la televisión pública. Y una vicepresidenta que alecciona a la vista de todos al presidente mientras la justicia entra en acción y el «efecto desbandada» late en el oficialismo gobernante.

Todo esto, y algunas cosas más, están sucediendo en Argentina, donde el gobierno del peronista Alberto Fernández está viviendo su peor momento a tres semanas de unas cruciales elecciones, las primarias parlamentarias del 12 de septiembre.

«¡Si algunos piensan que me van a hacer caer por un error, ¡sépanlo, me fortalecen!», gritó enfurecido el presidente en una semana que fue un constante descenso a los infiernos. Él mismo comenzó negando que en la residencia presidencial de Olivos se celebraran fiestas durante el confinamiento estricto que rigió en el país durante buena parte de 2020, para luego admitir parcialmente algunos encuentros.

El edificio de la credibilidad presidencial comenzó a derrumbarse con la aparición de fotos en las que se lo ve a él y a su pareja, Fabiola Yáñez, celebrando los 40 de esta última acompañados por nueve amigos. Una fiesta de cuatro horas sin distanciamientos social, ni mascarillas. Detalles nimios, en realidad, porque regían los Decretos de Necesidad y Urgencia (DNU), firmados por el propio Fernández y que prohibían todo tipo de reuniones sociales.

La aparición de esas fotos hundió el ánimo de buena parte de su gobierno y activó las antenas de la vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner, que le dijo en público lo que debía hacer: «Alberto, no te enojes, poné orden donde tengas que poner orden, no te pongas nervioso y métele para adelante».

FUEGO PARA LA CONSPIRANOIA ARGENTINA

Tan para adelante le «metió» Alberto, que el siguiente paso fue desbaratar la que avizoraban como una operación de la oposición: temía el gobierno que unos videos comprometedores registrando la fiesta se utilizaran como «bomba» días antes de las elecciones. ¿Solución? Entregarlos a un medio afín, la web «El Destape», y a la Televisión Pública para que se conocieran cuando antes y el efecto negativo se diluyera antes de septiembre.

En el gobierno señalan que el canal de televisión LN+ y Radio Rivadavia, medios en los que trabaja Guadalupe Vázquez, la periodista que obtuvo las fotos del escándalo, son financiados por el ex presidente Mauricio Macri y por eso funcionan como caja de resonancia de la oposición. No hay prueba alguna de esa afirmación, pero muchos en el oficialismo y en el panorama mediático, profundamente dividido entre los críticos y los afines al gobierno, insisten en esa teoría. Más fuego para la conspiranoia, el estado ya casi natural de la política argentina.

«Macri estuvo tras la operación desde el primer día: la estrategia fue mostrar primero la foto y dos días antes de las elecciones los videos», escribió en «El destape» Roberto Navarro, periodista de clara afinidad con el oficialismo. Según Navarro, «Macri se volvió un obsesivo en el manejo del canal, se involucra en la producción y hasta les habla por cucaracha (intercomunicador) a algunos conductores».

Conspiraciones «housecardianas» mientras el desconcierto hunde al gobierno, que ve como las encuestas comienzan a registrar el enfado de los ciudadanos ante las fiestas de Olivos: casi cuatro de cada cinco consultados consideran entre grave y muy grave lo sucedido, y no pocos votantes peronistas decidieron ya retirarle el voto a los candidatos de los Fernández. Esos votos que pierde el oficialismo quizás vayan al peronismo alternativo de Florencio Randazzo o a las expresiones más duras de la izquierda, que están teniendo un crecimiento importante.

AMENAZA DE MÁS REVELACIONES

Periodistas de gran influencia como Carlos Pagni y Eduardo Feinmann, muy críticos con el gobierno, aportaron otro dato en medio de las turbulencias de la Casa Rosada. Según Feinmann, funcionarios del gobierno de Fernández insultan a los representantes de la Casa Militar, responsables de la seguridad en la Quinta de Olivos. «Les dicen ‘buchones’ y ‘botón’ a los oficiales de la Casa Militar», aseguró el periodista. En jerga callejera argentina, ser un «buchón» o un «botón» es ser un delator, un traidor. Traidores por cumplir con su deber de registrar quiénes y cuándo ingresan y salen de la residencia presidencial.

Una nimiedad ante lo que en realidad se viene: la amenaza de más revelaciones escabrosas y la inevitable acción de la justicia. Pagni recordó que años atrás el jefe de la Casa Militar debió testimoniar ante la Justicia por los ingresos de determinadas personas a la Quinta de Olivos.

«Y atestiguaron, dijeron la verdad. Ese mismo personal militar había sido puesto en la lista de ascenso del ministerio de Defensa y en el Senado». Como represalia, los ascensos se esfumaron por haber sido «buchones», traidores.

«Yo creo que ahora los militares deben estar diciendo: ‘Mejor que venga la Justicia a allanar, que se lleven los papeles que quieran, pero nosotros ir a declarar, sacrificar nuestra carrera diciendo si la vimos entrar a la colorista, a la estilista o a la peinadora, eso no», aventuró Pagni, en el que es solo un capítulo más, aunque sin dudas potente, de las muchas temporadas que lleva el House of Cards argentino.