La información: breve editorial

Por Emiliano Damonte Taborda

Repetidas veces en estos últimos tiempos, he hablado de “subjetividad” en la información. Muchas veces me han señalado abuso de adjetivación, de sospecha o sugerencia. En nuestra continua necesidad de objetividad, somos víctimas de un proceso deshumanizante. Mientras estamos parados ahí, con nuestro tachito, tratando de encontrar una pepita de oro, un “hecho verificable” y sobre todo medianamente narrable, despreciamos la subjetividad. Tal vez en la subjetividad esté el último refugio de nuestra humanidad.

Adán y Eva de Tiziano. «se me ocurre que tal vez el ser humano se ha dado cuenta de lo lejos que ha llegado, y ahora, asustado, busca volver atrás despreciando su libertad… eso ya no es posible.»

Yuval Harari, enorme historiador y filosofo israelí, arroja algo de luz a lo que intentaré postular.

Harari dice que la información ha sido elevada por la moderna ciencia de datos, a un sistema de uso que la transforma en un sistema de valor autosuficiente, potenciado en sus posibilidades al establecer redes de conexión alimentadas de manera continua. Esto nos reduce a la categoría de verdaderas maquinas abiertas, algoritmos biológicos, ambulantes, de procesamiento de datos.  

Desde el punto de vista de Harari, todo lo que nos rodea, en todas sus diferentes manifestaciones, es una herramienta de la información. ¿Se termina el individuo? Harari nos trae una lábil esperanza “La diferencia con los algoritmos automatizados, creados de manera artificial, es que nuestro cerebro es una suerte de máquina consciente, dotada de sentimientos subjetivos” (Sapiens, de animales a Dioses; Yuval Harari; 2011)

Byung Chul Han, filósofo surcoreano formado en Alemania, otro gigante de nuestros tiempos hablando particularmente de la información en nuestros días, dice:

“La información es una forma pornográfica del saber”

y continúa explicando que la información, a diferencia del saber en quien es posible encontrar una resistencia, “habita un tiempo que se ha satinado…” (La salvación de lo Bello, Byung Chul Han)

“La resistencia que viene del otro perturba la pulida comunicación de lo igual. La positividad de lo pulido acelera los circuitos de información, de comunicación y de capital”. (La salvación de lo bello, Byung Chul Han)

Leyendo a estos «monstruos» se me ocurre que tal vez el ser humano se ha dado cuenta de lo lejos que ha llegado, y ahora, asustado, busca volver atrás despreciando su libertad… eso ya no es posible.

En el ruido de la sobreinformación solo la opinión rompe la continuidad

Como repetimos diariamente en “Lo que queda del día” por oidmortalesradio.com.ar de 17.00 a 19.00, el desafío de informar desde nuestro lugar de modesto medio del interior, es inmenso. Redes de Noticias es un diario que llega a algunos miles de lectores cada día en su versión impresa y en su versión Web, y no por esto nos tomamos menos seriamente lo que hacemos.  El inmenso flujo de información al que somos sometidos cada día, circula por un satinado y pulido canal (cómo dice Byung Chul). Atraviesa nuestras vidas buscando evitar todo obstáculo, solo le interesa circular, ni siquiera pretende nuestro feedback.  Quedamos reducidos al rol de sofisticados algoritmos biológicos.

¿Cuál es nuestro lugar en esta enorme maquinaria?  

Creo cada vez más firmemente que esta continuidad solo puede ser rota en la actividad periodística por la subjetividad de la opinión personal.  Las necesidades del mundo en el que vivimos no tienen nada que ver con las del mundo en el que nació el “periodismo moderno” hace cien años. En este tiempo de tiempos sin tiempo, por ejemplo, muchísima gente solo lee titulo y foto. No me va a escuchar más allá. Sin opinión corro el riesgo de ser cómplice de quien aprendió a aprovechar esta velocidad para instalar conceptos.

Hoy yo no puedo simplemente tirular:

Mansur: «el problema del gasoil se resolverá en 48 horas”

Debo decir algo así como:

Acorralado, Mansur busca ganar tiempo y asegura que en 48 horas se resolverá el problema del gasoil

Queda feo, presume, sugiere y eso no es un titulo, me dirá alguno. Es cierto, es mucho menos elegante, pero infinitamente más útil para quien lee. Le hago ruido, lo molesto, le genero una duda o un enojo. Rompo la continuidad. Obligo al lector a desenfundar su espíritu crítico, a que no se deje «contar el cuento».

Información coherente

Es por eso, que en este trabajo que amo y deseo hacer por el resto de mi vida, decido guarecerme en el que creo es el último refugio de la humanidad: la subjetividad. No aspiro a lo “objetivo”, apenas si pretendo alguna semblanza de “coherencia”. Aspiro si, como el temible “tábano” del Diario Crítica, a pinchar, a molestar, a incomodar, para que el flujo limpio, suave y confortable de la sobreinformación no se lleve consigo nuestra humanidad.