La negación de lo moral ¿Suicidio político o hábil estratagema?

Por Emiliano Damonte Taborda

Las medidas tomadas por el Gobierno durante la última semana buscan intervenir allí donde consideran que es “posible” intervenir. El hincapié en lo económico habla claramente. Más que la dificultad para leer las causas de la debacle, se trata de la conciencia de lo difícil que es revertir cuestiones morales. La filosofía del “Relato” del Frente de Todos le impone ante esta circunstancia la negación.  “Festejemos aunque hayamos perdido”, responde al mismo patrón de comportamiento de “Pongámosle platita en el bolsillo que se olvida”.

Cristina, Tolosa Paz, Fernández y Gollan.

Las declaraciones de Daniel Gollan durante la jornada de ayer calaron hondo. Cómo viene siendo costumbre estos últimos meses no hace falta que la oposición o los medios los interpele. Uno atrás de otro, los miembros del Gobierno que fueron protagonistas de una manera u otra durante los últimos dos años, vuelven a instalar en agenda temas que solo pueden ponerlos en una situación más delicada e incómoda. Una búsqueda de justificación que tiene de todos modos una característica que la aleja de un comportamiento sanador y reflexivo. En todos los casos busca desestimar la caladura “moral” del problema, trasladándola a una cuestión económica en el caso de Gollan, o a una guerra con los Medios, o en el caso de Cristina a la falta de muñeca política de los protagonistas.

Cuando Daniel Gollan dice:

“Las fotos nos molestaron, claro que sí, pero en los barrios la gente dice que las fotos con un poco más de platita en el bolsillo serían otra cosa, no hubieran molestado tanto”.

Está diciendo en realidad:

“Lo que te duele a vos no es la pérdida de un ser amado, ni es haber pasado penurias y dificultades de todo tipo encerrado en tu casa sin poder ver a nadie mientras el Presidente y la primera dama hacían reuniones sociales en la residencia de Olivos o mientras el hijo de Moyano se vacunaba antes que tu abuelo. Lo que te duele a vos es que no tenías un mango. Tomá pibe, agarrá y callate la boca”.

El desprecio por el aspecto moral de las situaciones, puesto en evidencia por ejemplo en el llamado a la Jefatura de Gabinete de Juan Manzur o al Ministerio de Seguridad de Aníbal Fernández, no es simple ceguera. Se trata más bien de un proceso de negación ante lo irrecuperable.

Sobre lo verdaderamente moral, no hay dudas.

Lo moral, por su carácter social, se mueve muy lentamente. Los parámetros morales de una sociedad se mueven de manera casi imperceptible. Según Emile Durkheim, lo moral es “todo aquello que constituye fuente de solidaridad”.  Una de las características de lo moral, es que no genera dudas. Uno podría discutir sobre cualquier cosa en nuestros días, pero será muy difícil encontrar a alguien que sostenga como conclusión de una conversación que golpear a un niño está bien. Tal afirmación generará inmediato repudio por parte de la sociedad que señalará a la persona que lo expresa y probablemente la castigará o la dejará aislada, según la situación.

A Pablo Musso no lo dejaron entrar a Córdoba para ver a su hija Solange que moría de cáncer durante la cuarentena. Este es un ejemplo de límite moral. A nadie se le ocurriría decir que fue justo.

Otra característica esencial de lo moral según Durkheim, es que nos excede, Otra característica esencial de lo moral según Durkheim, es que nos excede, pasa por fuera de nuestras decisiones individuales, por lo tanto no somos nosotros como individuos los que establecemos estos parámetros, sino que es la sociedad en su conjunto a través del tiempo y de manera lenta la que lo hace. Por esto las cuestiones morales, cuando se establecen, tienen el peso que tienen.

Es en este campo en el que se mueven las declaraciones de Daniel Gollan, el vacunatorio VIP, el “Olivos Gate” o como prefiero llamarlo “El cumple de Fabiola” o el nombramiento de un misógino cómo Jefe de Gabinete.

Cuando Alberto dijo en pleno estallido del escándalo del vacunatorio que “colarse en la fila no era delito”, tenía razón. Pero el Presidente es Abogado, y debería saber muy bien que el verdadero problema no radicaba ahí.

Durante el 2020 la sociedad pasó mucho tiempo mirando a los ojos a la muerte, de manera literal. Cada día el Gobierno nos contaba cuánta gente había muerto en la cara, en nuestras mesas, en nuestras habitaciones, en nuestros autos. Las redes sociales profundizaron el efecto y fuimos testigos casi presenciales del drama de miles de personas en todo el mundo. El mensaje era “de esto no escapa nadie”. Todos pasamos por esto y hasta el más racional, sentía un miedo de fondo que no podía evitar.

El Presidente en el momento de mayor impacto de esta corriente de miedo en la Sociedad, gozó de una popularidad que no volvería a repetirse. Pero fue justamente esta corriente de miedo, la que estrechó los vínculos de solidaridad (vínculos sociales) de la sociedad haciendo que hoy, para nosotros, sean inadmisibles algunos hechos que tal vez algunos años atrás hubieran pasado inadvertidos en el ruido de la sobreinformación.

En otras palabras:

¿A quien se le ocurre, que después de lo que pasó la sociedad argentina en 2020, alguien iba a olvidarse del muchacho ahogado cruzando el río para ver a su familia en Formosa, del padre que no pudo ver a su hija antes de morir en Córdoba, de los 115.000 muertos, de las detenciones ilegales de Gildo Insfran, de las familias destruidas, de los enfermos oncológicos abandonados, de los “médicos relajados”? Todas estas cosas jugaban con nuestro miedo a la muerte y nada nos une más como humanidad que esto. Es algo que no le es indiferente a nadie, que atraviesa la conciencia de cada ser humano y de cada sociedad. ¿De verdad la respuesta es un bono de 6.000 pesos para jubilados, un IFE de diez lucas o mantener el piso de Ganancias en línea con la inflación?

Suena a «billeteada» de cuarta. Tal vez esta vez no sea suficiente con el “Relato”, tal vez la “platita” no alcance a cubrir el vacío moral, la muñeca política de Manzur se quiebre, la verborragia de Aníbal no aturda a quien ya no la escucha, los berrinches de Alberto aburran, los exabruptos irresponsables de Cristina sean condenados, la incapacidad de Kicillof quede expuesta y la ausencia de un programa pague.