Los cálculos más optimistas del Gobierno prevén un 65% de inflación

En el entorno de Guzmán esperan que el Índice de Precios al Consumidor del mes pasado, que será comunicado por el Indec este jueves, esté por encima de las previsiones; arriegan que el en mayo se ubicaría “entre 3% y 4%”. Kicillof ayer arregló por el 60% con los estatales bonaerenses.

El Gobierno no consigue bajar el ritmo inflaionario

Bajar la inflación parece ser una tarea casi imposible, por lo menos en el corto plazo. La atención está puesta en contenerla. En el Gobierno aseguran que un escenario optimista es uno en el que llegue a 60% este año, si bien admiten que podría acercarse al 65%. Además, confirman que el dato de IPC -que se conocerá este jueves- estaría cerca del 6%, en línea con las previsiones de los analistas y economistas.

De confirmarse esta cifra, la inflación acumulada en los primeros cuatro meses del año rondaría el 23%. A la misma altura de 2021 el aumento de precios era de 17,6% (y ascendió a 50,7% para todo el año pasado).

La referencia a la guerra en Ucrania es central a la hora de explicar por qué no baja la inflación como se estimaba a principios de año. También justifican, de acuerdo con la visión oficial, la falta de previsibilidad de cómo reaccionarán los precios a futuro.

Con todo, según un alto funcionario del Gobierno, se espera un 65% a fin de año “si las cosas salen bien”. Sin embargo, se habla de un escenario “no estabilizado y de poca claridad” sobre cómo será la evolución. Una proyección ideal es que la inflación se desacelere a entre 3% y 4% en mayo, explicaron.

En el sector privado dudan de ese objetivo y creen que el impacto del aumento de combustibles y el alza sostenida en alimentos imponen un piso firme para los próximos meses. También creen que el incremento que se espera en tarifas “no tendrá un efecto tan importante”.

Cerca de Alberto Fernández se mantienen firmes en su discurso. “El Presidente ratificó el rumbo y el gabinete. Lo ratificó por enésima vez”, dijo un funcionario de su confianza, para quien Roberto Feletti (que tiene a su cargo la gestión del fideicomiso del trigo para mantener a raya los precios de ciertos productos derivados, como pan y pastas, a su vez que mantiene conversaciones con empresas para controlar los valores en góndolas) tiene una “valoración positiva”. En cambio, referentes del sector privado ven sus políticas como un “conjunto de recetas viejas y vacías”. La discusión sobre los “márgenes de ganancia”, en especial de las alimenticias, es permanente.

El impacto de la aceleración de la inflación en los ingresos genera contrapuntos en la interna oficialista. Mientras que en distintas oficinas públicas continúan delineando subas de salarios y bonos, otros funcionarios ya admiten que “algunos sectores perderán contra la suba de precios este año”. También disienten con la idea de un salario básico universal, presentada por el sector más afín a Cristina Kirchner, y que “hay un sector que piensa que los pobres van a ser pobres siempre”.

El funcionario, cercano a Alberto Fernández, también se refirió al problema de las importaciones de bienes intermedios. Aseguró que el Gabinete está trabajando en soluciones para insumos claves para la industria y el consumo que están en falta o que se espera que escaseen en los próximos meses.

También admitió que las proyecciones de crecimiento estarán por debajo de lo esperado debido a la falta de dólares. Con mejores reservas (cerca de US$30.000 millones), el PBI podría crecer un 10% este año y, de acuerdo con su opinión, se podrían eliminar algunas trabas del cepo cambiario. Asimismo, ve como una oportunidad perdida la demora en la construcción del gasoducto Néstor Kirchner, que podría haber fomentado las exportaciones de gas licuado en un contexto favorable por el precio internacional.