Un poder Judicial poderoso, un Ejecutivo ausente y un Legislativo amorfo, la configuración que parece establecerse para el futuro próximo

Por Emiliano Damonte Taborda

No soy un antisistema. No creo que se tengan que ir todos. Pero creo que el agigantamiento de Horacio Rosatti tiene que ver directamente con la atrofia del Poder Ejecutivo y la “anárquica dolce vita” a la que se ha abandonado el Poder Legislativo, permitiendo entre otras cosas que Cristina prácticamente gobierne desde la presidencia del Senado.

Poder Judicial: Horacio Rosatti, Presidente de la Corte Suprema de Justicia y del Consejo de la Magistratura.

Anoche el Fiscal José María Campagnoli, en el programa de Diego Sehinkman, hablaba de la persecución del poder político que empezaron a sufrir los fiscales alrededor de 2012, cuando algunos de ellos comenzaron a rescatar causas cajoneadas por jueces, y que derivó en su suspensión y enjuiciamiento y el desmembramiento de su equipo, que investigaba la Ruta del dinero K.  Campagnoli destacaba anoche, “a pesar de todo lo que no funciona”, el rol del “poder judicial”, como único verdadero contrapeso a la corrupción del poder político en Argentina en estos últimos años.

Los jueces y fiscales pueden ser una gran complicación para muchos. El reciente caso del jury de destitución contra la Fiscal Anticorrupción de Entre Ríos Cecilia Goyeneche, es un caso emblemático porque llega por tiempo y forma, como una manifiesta “vendetta” del poder político entrerriano. El mensaje es aleccionador.

La jueza de San Nicolás que tuvo la osadía de procesar por amenazas y extorsión a dos sindicalistas de Camioneros terminó, acosada por el Diputado del Frente para la Victoria Leopoldo Moreau y Hugo Moyano, pidiendo licencia por estrés. El juez subrogante que tomó la causa confirmó la presión preventiva, cosa que se celebra, pero domiciliaria, cosa que suena a salomónico arreglo. De todos modos que los “aprietes sindicales” comiencen a ser leídos como extorsivos por la justicia, es un buen signo de este tiempo.

Lo importante es el mensaje

Cuando se aprieta a un Juez o un Fiscal, no hay que tomarlo como algo personal. Que nadie se sienta ofendido. En realidad lo que se está haciendo es mandar un mensaje a toda la categoría. Leopoldo Moreau es probablemente un verdadero caballero que no tiene nada en contra de la Jueza Maiztegui, como probablemente el Supremo Tribunal entrerriano o el ex Gobernador condenado por corrupción Sergio Urribarri, no tienen nada en contra de Cecilia Goyeneche en particular. Acá el tema es el mensaje, que debe ser aleccionador.

Un país desbalanceado

Durante el mes de noviembre, mientras comenzaba a verse venir la carga del poder político contra la Fiscal entrerriana, dije en “Lo que queda del día” (oidmortalesradio.com.ar lun-vier 17/19) que me llamaba la atención la posición casi pasiva del poder judicial, que suele reaccionar con vehemencia corporativa a ciertos intentos de presión o desplazamiento.

La cuestión es que la carga general del Poder Político en Argentina sobre el Poder Judicial, terminó generando una reacción clara y contundente. Después de aquella “poco decorosa” visita del Ministro Soria a la Corte en Diciembre, comenzó a perfilarse una configuración diferente de cosas, que se vio coronada con la presidencia Horacio Rosatti en el Consejo de la Magistratura.

La presencia del actual Presidente de la Corte Suprema y del Consejo de la Magistratura fue haciéndose cada vez más maciza, sobre todo por su intervención en temas delicados que requerían ser tratados con celeridad y claridad. Hoy Horacio Rosatti es probablemente el hombre más poderoso del país, aquel que puede doblarle la muñeca al kirchnerismo y contener sus ambiciones.

¿Está bien tener una Corte Suprema tan presente en temas políticos? No creo. Pero celebro que alguien haya asumido el lugar que le corresponde y desde ahí comience a resolver algunos de los temas que tienen paralizado a nuestro país.

Podría decirse que no ha sido la Corte la que ha buscado ejercer poder político, sino que ha sido el poder político el que evidente, repetida y obcecadamente ha buscado ejercer presión sobre la justicia para fines que nada tienen que ver con el bien de la Nación.

Rosario está agonizando bajo el flagelo del narcotráfico. Ni el Presidente de la Nación, ni el Ministro de Seguridad, ni el Parlamento, ni la Vicepresidenta fueron capaces de hacer un solo gesto al respecto. Rosatti juntó la semana pasada a 120 jueces, con la Corte Suprema en pleno entre ellos, en la Ciudad de Rosario, para tratar el tema y dar una muestra de presencia e interés del Estado.

¿Está bueno que esto pase? No creo. Mucho mejor sería que en Rosario las cosas funcionaran y nadie tuviera que bajar para poner cara de malo y recordar que el Estado todavía existe.  

No soy un antisistema. No creo que se tengan que ir todos. Pero creo que el agigantamiento de Horacio Rosatti, tiene que ver directamente con la atrofia del Poder Ejecutivo y la “anárquica dolce vita” a la que se ha abandonado el Poder Legislativo, permitiendo entre otras cosas que Cristina prácticamente gobierne desde la presidencia del Senado.

Este desequilibrio no nos puede llevar a ningún lugar saludable, pero la solución es simple: que el Ejecutivo vuelva a ocupar su lugar y que el Parlamento se ocupe de la responsabilidad que el pueblo le ha delegado.

Falta poco más de un año y medio para las elecciones y sinceramente pocos están haciendo algo medianamente decente, algo que haga que los votantes los miren con respeto. Por eso Milei se puede hacer el rockero y amenazar a los gritos a todo el sistema, simplemente porque el sistema no funciona. La oposición no fue capaz, en diciembre, de sentar a todos sus parlamentarios juntitos para votar en una sesión que ellos mismos habían llamado. Uno se había ido al cumpleaños de la hija, el otro a Disney y otros tenían una bondiola en el horno.

Está claro que de este Gobierno ya no hay nada que esperar, ni siquiera un final en armonía. Tan claro está, como que de cualquiera que quiera estar a partir de 2023 en su lugar, se espera mucho, muchísimo más, que lo expuesto hasta ahora. La oposición deberá demostrar, antes de las elecciones, que es capaz de hacer algo con la victoria electoral del año pasado.  

El objetivo debería ser que Rosatti pueda volver a su rutina de Presidente de la Corte, que el Poder legislativo legisle, que el Presidente de la Nación presida y que Milei pueda sacarse el disfraz de Kiss.