Santiago Cafiero, traductor de lo inexplicable o fusible recalentado

Por Emiliano Damonte Taborda

En un contexto de una devaluación sin precedentes de la palabra presidencial, Santiago Cafiero parece ser el responsable de darle apariencia de sensato y planificado al caos que reina en la coalición de gobierno. Uno se pregunta cuánto tardará en convertirse en fusible de un gobierno que necesita desagotar presión a toda costa antes de las elecciones.

Las desinteligencias de la oposición son evidentes, en una campaña que todavía no termina de arrancar con fuerza y claridad después de las polémicas que generaron el pase de Vidal de la provincia de Buenos Aires a Caba, y la candidatura de Santilli en un distrito donde es, sino un extraño, al menos poco conocido. Es probable que haga falta solo tiempo para que estas asperezas e incomodidades de campaña se allanen y resuelvan. Sin dudas el tiempo es un factor importante, pero en este caso, el tiempo que corre y que ayuda a la gente a familiarizarse con un nuevo esquema, ha recibido y continúa recibiendo, la ayuda inestimable de un personaje, al que a esta altura, todo el frente opositor le debe mucho. Hablamos del genial Santiago Cafiero, el emperador de la generalidad sin fundamento y la frase vacía.  

“Los números nos están acompañando”

Esta mañana Página12 publicó una extensa nota donde Cafiero asegura que en el Gobierno creen que están “en el camino adecuado por que los números nos están acompañando”.  Y a continuación dispara una serie de números, sin contexto y sin fuente, con los que pretende instalar la idea de que el país se encuentra en plena recuperación. Más allá de la discusión sobre la fuente de los números de Cafiero, hoy que es domingo, solo quiero destacar que no hay persona alguna en este país que encuentre razonable la idea de que la economía está creciendo.  Esto suena, en el mejor de los casos, a tomada de pelo.

No hubo más fiestas en la quinta de Olivos

Este mismo señor había asegurado el viernes, buscando generar tranquilidad, que en Olivos no había habido más fiestas clandestinas, aparte de la de Fabiola Yañez y el presidente. Creo que eso puede ser tan tranquilizador como asegurar que el Presidente no ha golpeado animales, o que no ha salido a robar autos. Por si no es claro, no debería haber habido ni un solo visitante fuera de lugar en la residencia del Presidente de la Republica. Me pregunté por cuál motivo Cafiero insistiría en hablar del tema y decir una barbaridad semejante. Primero lo adjudiqué a la torpeza, razonando solo un poquito más, es evidente que lo que se busca es normalizar el asunto. ¿Tanto lio por una fiestita?

Yo creo que “no fue un delito”

La prueba de que no fue solo un torpe error llegó este domingo a la mañana, cuando el Jefe de Gabinete nos dijo que él creía “que no había delito, porque no hubo propagación de nada, nadie se fue contagiado”. En este caso Cafiero incursionó en el análisis molecular de un problema jurídico, algo absolutamente inesperado, corriendo completamente el asunto que era la violación de un Decreto Presidencial en un contexto de aislamiento total. No se trata de un error, de un desliz, se trata de la una violación de un DNU con consecuencias penales y en el caso del Presidente, también políticas.

Conclusión de domingo a la tarde

Para cerrar el tema, este domingo a la tarde me pregunto. ¿Por qué supone Cafiero que en su rol de Jefe de Gabinete y vocero del ejecutivo, puede ser importante lo que él cree? De un funcionario del gobierno nos esperamos mucho más que conjeturas, frases sin contexto y números para el Quini. El Gobierno sigue tropezando en sus contradicciones y enredándose en sus incoherencias, y quienes salen a hablar, solo logran balbucear torpes explicaciones que empiezan a ser la más importante herramienta de la oposición. Cafiero empieza a ser el símbolo de esta torpeza, y cómo tal es muy probable que sea el próximo fusible que salte en el Gobierno y que vaya a hacerle compañía a Ginés en algún cafecito madrileño.