Tengo muy en claro que queda mucho por hacer, aunque no tengo la menor idea de qué, ni cómo

Por Emiliano Damonte Taborda

Después de las elecciones, el Presidente, había grabado un mensaje anodino, poco significativo, cumpliendo formalidades y empeños asumidos (con el Fondo), en el que hablaba de un plan económico “plurianual” (muchos años). Llama la atención una palabra semejante de una persona que viene gobernando al día, desde que asumió (explícitamente manifestó que no le gustan los planes al inicio de la pandemia), pero que sobre todo en los últimos tiempos, venía con una programación que no superaba el 14/11 y que en sus planes más de avanzada no superaba el 7 de enero.

Alberto Fernández

Alberto Fernández, fue el único orador en el acto militante en el que el peronismo buscó manifestarle su apoyo hace casi una semana. El discurso del primer mandatario pareció el de un Presidente electo, cómo si fuera a asumir la presidencia el 10 de diciembre. El riojano Jorge Yoma calificó el evento cómo “un acto de conurbano bonaerense en la Plaza de Mayo”, expresando así la falta de representación nacional de la manifestación.

Después de las elecciones, el Presidente, había grabado un mensaje anodino, poco significativo, cumpliendo formalidades y empeños asumidos (con el Fondo), en el que hablaba de un plan económico “plurianual” (muchos años). Llama la atención una palabra semejante de una persona que viene gobernando al día, desde que asumió (explícitamente manifestó que no le gustan los planes al inicio de la pandemia), pero que sobre todo en los últimos tiempos, venía con una programación que no superaba el 14/11 y que en sus planes más de avanzada no superaba el 7 de enero.

Una vieja costumbre de Alberto es la de la procrastinación, la de patear para adelante buscando ganar confianza con números que terminan acorralándolo. Lo hizo con las vacunas, en los locos tiempos de Ginés prometía medio millón antes de fin de año, 10 millones para enero, inmunidad para junio, cifras que nadie le pedía y que él se empecinaba en dar. Habría que bucear en sus motivaciones psicológicas más profundas, para encontrar el motivo por el que se empecina en acorralarse solito con números que el mismo expresa.

Ahora los números dejaron lugar a las fechas, una fecha es un número que marca un lugar en el tiempo, un momento. La incertidumbre que genera no haber cerrado un acuerdo con el FMI empieza a presionar fuerte. Ya no se trata de una impresión, empieza a ser una realidad tangible, que se refleja en presión cambiaria, devaluaciones, caída del poder adquisitivo, y en una serie interminable de medidas ineficaces, cortoplacistas y contraproducentes, como son los cepos varios y los controles de precios, que buscan desviar la atención y reducir efectos, pero que solo logran complicar más el panorama.

Entonces decíamos que ahora el Presidente pone fechas, teníamos el 14/11, nos queda el 7/1 y más adelante tenemos marzo, momento limite para un acuerdo con el FMI, ya que empiezan a caer los vencimientos.

El tiempo en la mente del procrastinador, tiene una cualidad importante, es subdivisible al infinito. Una unidad de tiempo se puede dividir por dos, y a su vez por dos, y así, de manera infinita. El procrastinador encontrará en este mecanismo, una manera de sentir que el fin está muy lejos, porque hay una noche de por medio, o quizá todo un verano. Fédor Dostoievsky cuenta cómo antes de ser perdonado en el mismísimo momento de la ejecución, había buscado la eternidad en el último momento dividiendo el tiempo hasta el infinito, y persiguiendo la idea de que la eternidad, es ese último instante. Pero la ejecución llegó, y si no hubiera llegado el perdón del Zar, junto con la condena a trabajos forzados en Siberia, nos hubiéramos perdido algunas de las más extraordinarias obras jamás escritas.

Del mismo modo un día se terminó el confinamiento eterno, llegaron las PASO, llegó el 14/11, llegará el 7/1 y sin lugar a dudas llegará marzo del 2022 con sus vencimientos de deuda. Cada uno de esos “vencimientos” trajo consigo consecuencias dramáticas para Alberto, en términos de perdida de imagen y debilidad gestional, no hay motivo para pensar que lo que viene vaya a ser mejor.  

Una de las más extraordinarias cualidades del ser humano es la de aprender de lo vivido y cambiar aquellos comportamientos que nos perjudicaron, merced a la plasticidad de nuestra estructura mental. Entonces uno empieza a ganar esperanzas y empieza a imaginar que si hasta ahora le ha ido tan mal actuando como ha actuado, estará listo para pegar un salto en su comportamiento y modificar aquellas cosas que lo han llevado a fracasar una vez y otra vez.

“Tengo muy en claro que queda mucho por hacer, aunque nos acompañó mucha más gente”, dijo el Presidente, después de las elecciones parlamentarias.

La experiencia de Alberto Fernández en estos dos años debe ser de las más ricas que haya enfrentado un mandatario argentino. Rica en circunstancias excepcionales, en desafíos inéditos, en movimientos conyunturales, rica en experiencia y en definitiva una durísima pero importante oportunidad de aprender, para una persona atenta y dispuesta a hacerlo.

Si después de semejante aventura, un hombre con semejante responsabilidad, es capaz de generar un híbrido lógico, cuyas dos partes, “Tengo muy claro que queda mucho por hacer” y “aunque nos acompañó muchas más gente”, no guardan relación causal alguna entre si; si después de todo lo que tuvo que pasar Alberto Fernández como Presidente de la Nación estos dos años, todo lo que tiene para ofrecernos son frases de este tenor, entonces no caben dudas de que nos esperan dos años extremadamente difíciles. No por casualidad él mismo comenzó a hablar de 2023, es evidente que seguirá pateando fechas, postergando momentos, y esperando que esta pesadilla que hasta hoy no ha sido capaz de manejar, finalmente termine.

Ya hablamos de internas en 2023 cómo programa de gobierno. No sabemos cómo vamos resolver la brecha cambiaria, ni si vamos levantar el cepo a la exportación de carnes, ni si vamos acordar con Cristalina, pero si sabemos que el Peronismo va a elegir a sus candidatos en 2023 utilizando el recurso para el que fueron creadas las PASO.

Se me ocurre una alternativa mucho más sincera a esta frase del Presidente:

“Tengo muy en claro que queda mucho por hacer, aunque no tengo la menor idea de qué, ni cómo”