Terapia de grupo: Alberto, Massa, Beliz y Kulfas (Ejercicio de catarsis editorial II).

Por Emiliano Damonte Taborda

En uno de los eventos más bizarros que recuerde, el Presidente Alberto Fernández volvió a demostrar una inconsistencia pavorosa. En el acto de relanzamiento (otro relanzamiento más) del Consejo Económico y Social, hizo gala junto con sus acompañantes de una liviandad conceptual que ya ni siquiera causa gracia. Propuso hacer terapia de grupo.

Beliz, Alberto, Massa y Kulfas en terapia de grupo

Con frases como “Esta es la foto de la Argentina que cuando se sienta a una mesa, construye acuerdos” y “Hagamos terapia de grupo y démosle una oportunidad al diálogo”, llamó, de manera suplicante a la unidad, en una reunión en la que como el mismo Beliz reconoció, “no estaban todos los que tenían que estar”. Estuvieron presentes solo 5 de los 24 Gobernadores y apenas un puñado de kirchneristas, Wado de Pedro y un par de sindicalistas no alineados.

Inflación, se hace más cara la terapia de grupo

El primer mandatario, reconoció que la inflación es sin dudas el problema más serio que enfrenta la Argentina hoy en día, conclusión que ya por repetida y obvia resulta irritante. A pocos días de haberle declarado la guerra a la inflación por segunda vez (la primera fue el último trimestre del año pasado y fracasó silenciosamente) y en pleno cierre de paritarias en todo el país, se encargó de aclarar que, en los mecanismos de lucha contra la inflación de este gobierno, el ajuste no es una opción. Habría que preguntarles, a él y a su General Feletti, si hay ajuste más cruel que el que marca una inflación prevista de 60 puntos contra una paritaria de 45, escalonada en el tiempo…

La verdad es que queda cada vez más claro, a todas luces, que este no es un Gobierno que tiene una política antiinflacionaria equivocada, sino que es un Gobierno que maneja una política netamente inflacionaria. La inflación es su único aliado, su gran licuadora. Feletti está ahí para poner cara de malo y decir que odia a la inflación, pero a nadie serio se le ocurre pensar que su lucha vaya a tener algún resultado que no sea el silencioso fracaso, simplemente porque su peor enemigo, aún antes que sus ideas vencidas, es la necesidad del Gobierno de financiarse por medio del proceso inflacionario.

Controles

Uno de los síntomas más fuertes de la perdida de control, es la obsesión creciente por el control. No pudiendo controlar la inflación, no habiendo sido capaces de prever la grosera crisis energética en la que estamos entrando (no hay gasoil y no habrá gas en invierno), con los sindicatos fuera de culo, las organizaciones sociales en contra, sin vínculos políticos con la corte suprema, habiendo perdido la mayoría en el parlamento, con el Campo en pie de guerra, el acuerdo con el Fondo exigiendo reducción del déficit, desprestigiados en el frente internacional, y atacados diariamente por la vicepresidenta y La Cámpora, se les ocurrió que la manera de alcanzar la paz que tanto anhelan era controlando las redes sociales, es decir aplicando algún tipo de censura, no ya sobre productos terminados como libros o publicaciones, sino sobre la expresión espontánea de la gente. Censura de la peor calaña. Pero como todo lo que viene produciendo el ejecutivo, se hizo en grado de tanteo, tímidamente, como para ver si pasa, y en el caso que haya una reacción adversa, siempre poder decir que el funcionario se equivocó, o que lo entendieron mal, o que se manipula la información, o que “la mar en coche”.

La apoteosis de la charlatanería o la falta de respeto en su expresión más sublime

Matías Kulfas tiene un lugar especial en mi corazón. Por algún motivo estoy convencido de que es un tipo capaz, contra toda evidencia. Creo que la Culpa la tiene algún amigo periodista que me habló bien de él alguna vez. Entonces mi enojo contra el Ministro de Producción se multiplica, por que considero que es perfectamente consciente de las barbaridades de las que está participando. Estuvo siempre clarísimo que nunca creyó en Feletti y su control de precios, recordemos que la Secretaría de Comercio Interior depende de su ministerio. Siempre tengo la impresión de que no cree en nada de lo que él mismo dice y que por falta de carácter o comodidad podría decir cualquier cosa. Pero tengo que decir que el plan “Argentina Productiva 2030” me dejó atónito. Nunca imaginé un atrevimiento semejante.

El “chanta” de Kulfas habló sin despeinarse de Crear en 9 años 2.000.000 de puestos de trabajo privado y 100.000 empresas (a un ritmo empezando hoy de 1.000 por mes) y lo que es más cruel aún, habló de reducir en 9.000.000 (calculo que lo vincula a los 2.000.000 de empleos que crearía) el numero de pobres en la Argentina.  Estaba a punto de pedir disculpas por lo de “chanta”, pero lo voy a dejar, porque el Chanta de Kulfas dijo todo esto y sin despeinarse, con tanto de presentación, mientras por ejemplo, los productores de carne están suplicando que los dejen exportar y que les permitan salvar el tejido productivo de su industria, ya que una vez caído llevará años recomponerlo y recuperar los mercados perdidos. Pero lo que pone a Kulfas en posición de agradecer el calificativo de “chanta”, es que todo eso que dijo sin despeinarse, lo dijo sin hacer una sola insinuación, acerca de “cómo” eso se iba a llevar a cabo. Eso lo pone en el territorio de lo “perverso”.

Tenemos que entusiasmarnos con un “plan” (plan es otra cosa, esto fue un enunciado) a nueve años, presentado por un Gobierno que termina en dos y que no es capaz de decirnos que es lo que concretamente va a hacer, por ejemplo, para comprar el gas que necesita la industria, que es la que genera empleo privado, para cubrir sus necesidades energéticas en el mes de junio.

Hagan terapia de grupo si quieren, vienen dos años muy difíciles, por favor no nos falten más el respeto y dejen trabajar a la gente.