Un vacío que estremece

Por Emiliano Damonte Taborda

La falta de ideas del Gobierno se traduce en una serie interminable de torpezas y faltas de respeto por la sociedad que representan. Lejos de pasar inadvertidas, estas van minando la confianza en el Gobierno y nos ponen a todos en una situación extremadamente delicada de frente al futuro, por que Alberto Fernández dilapidando su capital político, nos deja sin ninguna posibilidad de esperar un futuro mejor a corto plazo.

Alberto Fernández y Victoria Tolosa Paz

Para programar hay que sentarse a pensar. Si uno quiere desarrollar un plan para resolver un problema, habrá de sentarse, analizar la cuestión, trazar hipótesis, atacarlas, defenderlas, segmentar el problema, establecer paradigmas, definir ideas centrales que permitan tomar una decisión sobre las posibles soluciones. En síntesis, un lío bárbaro.

Una de las falencias más evidentes del Gobierno de Alberto Fernández es la absoluta ausencia de planificación en todas las áreas. El 21 de julio de 2020, mientras importábamos billetes por que nuestras maquinas no daban a abasto para producir el papel moneda necesario para cubrir los desastres de la emergencia, agravada por el encierro forzoso de todo el sistema productivo, el Presidente Alberto Fernández, comenzando a consumir el poco prestigio que le quedaba en haber, declaro alegremente: “Francamente, no creo en los planes económicos”.  Lo que siguió fue una seguidilla que todos hemos repasado decenas de veces. La idea que guio al Gobierno hasta el día de hoy puede resumirse en una frase: “Vamos viendo que pinta”, usando al relato como única herramienta de gestión.

La absoluta ausencia de un plan, puede ser leída también como absoluta ausencia de propuestas, en definitiva, como una total ausencia de contenido y de ideas. Entonces cuando parece que nada ya puede empeorar, que no se puede ir más abajo en la torpeza y la falta de respeto por un pueblo castigado, después del Vacunatorio Vip, de los “médicos relajados”, del “Cumple de Fabiola”, aparece Victoria Tolosa Paz. Consciente de que no hay plan y de que el relato ya no será suficiente, se apoya en un viejo recurso de la publicidad, el golpe de efecto. Dice, «En el peronismo siempre se garchó, perdón pero es así», y luego agrega, «Nosotros realmente vinimos para hacer posible la felicidad de un pueblo y la grandeza de una patria y no hay felicidad de un pueblo sin garchar”.

Tengo casi cincuenta años, no me voy a rasgar las vestiduras por escuchar en un discurso público la palabra “garchar”, he escuchado en estas últimas semanas faltas de respeto mucho más serias a la gente, dichas por personas en lugares de poder mucho más importantes que el de Tolosa Paz.

Ni siquiera se me ocurre ponerme a pensar si es cierto o no que un pueblo que no “garcha” no es feliz, o si es necesario “garchar” para tener una vida plena, o para engrandecer a la patria, o siquiera para ser aceptado socialmente.  No me pongo a pensar en que piensa el ciudadano que no “garcha” por que no se le antoja, o por que no es lo que busca, o por que no puede, ante una declaración que lo deja afuera de la posibilidad de ser feliz. Tampoco me voy a detener en que la declaración de la candidata (y me voy a permitir una licencia poética) se limpia el culo con las peleas de diversos colectivos que luchan por redefinir paradigmas ancestrales dañinos y limitantes. No es nada de eso lo que más me horroriza de la declaración de Victoria Tolosa Paz.

Lo que asusta realmente, lo que genera escalofríos, lo que impresiona viniendo de un candidato a legislador, es el enorme y compacto vacío de ideas que la frase deja en evidencia ¿No tiene nada más para ofrecernos el Frente de Todos? Victoria Tolosa Paz, como Santoro, son intentos de captar a los moderados, a aquellos no militantes que son necesarios para ganar una elección. La verdad es que el desastre de gestión y los escándalos del Presidente Alberto Fernández, han minado las chances que estos candidatos tenían de obtener ese voto tan buscado. Entonces, en una falta más de respeto a la inteligencia del pueblo, han decidido quemar las naves y salir a hablar de “garche”, tal vez buscando emular el lenguaje de los más jóvenes, y no hay nada más triste que un viejo tratando de parecer un pibe. Vacío total, vació de programas, vacío de referentes, vacío de planes, vacío de fundamentos, vacío de ideas.