Para el común de los mortales que no entendemos nada de política, el precio que pagó Rogelio Frigerio para poder decir «ganamos» a las 10 de la noche del domingo 26 fue demasiado alto: entregar la representación en el Senado, ceder el primer lugar en la lista para diputados a un casi desconocido relegando a Alicia Fregonese y a un candidatazo como el ex intendente de Crespo, Darío Schneider, al tercer lugar.
El triunfo libertario en buena parte del país hizo aparecer a Frigerio como un adelantado en la nueva relación que declama el presidente Javier Milei con los gobernadores para la segunda etapa de su gobierno, pero es probable que eso al mandatario entrerriano le importe poco.
«No es que la vi antes que el resto. Hay convicción. Nosotros venimos apoyando al gobierno nacional desde el principio, porque entendemos que tenemos un Norte compartido, por más que pueda haber diferencias en algunas políticas públicas», se apuró a aclarar Frigerio, intentando despejar toda especulación electoral. «Queremos que al Presidente le vaya bien para que les vaya mejor a los entrerrianos», adornó.
Según dijo «no hay especulación política, ni personal ni partidaria».
Cuando Clarín le preguntó por la actitud de sus pares, ex compañeros de ruta en los momentos iniciales de la gestión cuando balbuceaba reclamos contra el gobierno de Javier Milei por las retenciones, y que confluyeron en Provincias Unidas lejos de La Libertad Avanza, argumentó que «en muchos de esos casos tal vez el problema no haya sido solo de los gobernadores, sino que hubo alguna responsabilidad compartida y por eso no terminaron yendo en conjunto con el Gobierno. Es algo que el mismo oficialismo admite. Me parece que hizo su autocrítica, y eso es muy relevante».
Cuando se le preguntó por las candidaturas para 2027 apeló a una respuesta de manual: «para 2027 falta un montón».
En las primeras entrevistas de su carrera política en tierras entrerrianas cuando se le preguntaba a Rogelio Frigerio ¿por qué en Entre Ríos habiendo tenido todo su recorrido previo en Buenos Aires?, el ex ministro del Interior contestaba casi con enojo «porque es la tierra en la que mi familia desarrolla su actividad desde hace 25 años y porque quiero aportar al cambio real en un lugar lleno de grandes posibilidades» y aunque durante la campaña para diputado en 2021 reconocía sus intenciones de ser gobernador, advertía que para el 2023 faltaba un montón, a sabiendas de que el tiempo político se mide en elecciones.
Hasta ahora ni él mismo ni ningún dirigente de su entorno se animaron a hablar de su candidatura presidencial. Eso queda reservado a las charlas privadas y a los análisis periodísticos, pero nadie duda en Entre Ríos de las aspiraciones presidenciales de Rogelio Frigerio. Este es un pésimo momento para transparentarlo, aliado a un Javier Milei empoderado que acaba de declarar que le quedan «dos años de gobierno y si el electorado quiere serán seis».
Sin embargo, en Concordia hay menos prurito en hablar públicamente del tema.
En una entrevista posterior a las elecciones, el secretario de Gobierno de Francisco Azcué, Luciano Dell’Olio se animó a decirlo en voz alta: «hoy nuestro conductor es Francisco (Azcué) y el conductor a nivel provincial es Rogelio Frigerio… la figura de Rogelio Frigerio desde años trasciende la provincia, es una figura nacional, que puede disputar tranquilamente con los equipos que tiene la Presidencia de la Nación, como nosotros con los equipos que estamos formando tenemos una proyección con Francisco como conductor en el plano provincial».
Frigerio fue mucho más cauto: «Tenemos que ser muy prudentes en este contexto tan difícil de la Argentina. La verdad que para 2027 falta un montón. Lo mejor que nos puede pasar a los argentinos es que este gobierno nacional tenga éxito. Y que las políticas que están llevando adelante deriven en un incremento del bienestar de la gente. Y, en consecuencia, esta discusión acerca del reemplazo del presidente va a devenir en abstracta. Lo que se clarificó en estos últimos años es el origen de los problemas, y la gran mayoría interpreta que están vinculados con las políticas populistas. Ojalá así sea, yo trabajo para que a la Argentina le vaya bien, a partir de que le vaya bien al gobierno nacional. Hay que anteponer eso ante cualquier cuestión personal o partidaria».
En una columna en los días previos a las elecciones, el analista Ignacio Zuleta escribió en Clarín acerca del «Nuevo Pacto de Olivos para salvar a Milei» en la que repasa que «el primer salvataje de Macri fue en el Pacto de Acassuso, apenas ganó el balotaje. Milei le tomó los funcionarios y el programa de Cambiemos para arrancar su gestión. Ahora, con este Pacto de Olivos, se prometen cogobierno desde el 27 de octubre, mientras Milei trata de pringarlo a Macri para que haga gestos de apoyo». «Querría Milei, además, -dice- que Macri fuera el emblema del consenso que le pide Washington».
Bajo el subtítulo «Quién se está comiendo a quién», afirma que Macri acudió en su momento en auxilio de Milei «Desde la perspectiva de asistir a un gobierno que siente propio» y repasa que «En abril de 2023 presentó a Milei como posible precandidato a las PASO presidenciales, como la mejor versión de la teología de mercado que sostenía el PRO. Se lo rechazaron, pero ayudó como pudo a ganar el balotaje. Le puso, además, medio gabinete y gran parte del funcionariado. Desde este ángulo, con el paso del tiempo, se pone más en evidencia que es el PRO el que se come a Milei, y no al revés».
Como dato anexo destacaba el ascenso de Diego Santilli tras la caída de Espert y vaticinaba «Si, además, en diciembre Martín Menem fuera reemplazado por Cristian Ritondo como presidente de la Cámara de Diputados, se coronaría con éxito este copamiento del PRO macrista del gobierno de Milei».
Advertía que «Después de todo, en las elecciones de este año el negocio lo hizo el PRO en el distrito donde menos consistencia tenía, que es Buenos Aires. Milei puso como condición que Santilli —el mejor rankeado en todos los sondeos— fuera en tercer lugar de la lista de diputados nacionales. El PRO lo aceptó para que los legisladores provinciales de la fuerza tuvieran un lugar “entrable” en las elecciones del 7 de septiembre. Hoy el PRO festeja que merced a ese acuerdo pudo retener el 70% de las bancas que pusieron en juego en ese distrito. En política hay que esperar hasta el final para ver quién termina con cara de gil afanado».
Con el llamativo subtítulo «Las damas del voto del centro», habla de que «El electorado de Cambiemos, que había abandonado a sus dirigentes en 2023, difícilmente vuelva a apoyar a una lista con esas inconsistencias (un candidato vinculado a un narco y una vedette de Brigada Cola). A pesar de que Milei se acercó a Macri tras la derrota, la lista en la que figuraba Espert —y de la que el PRO es socio— es frágil: un economista sesudo y pendenciero, una vedette como Karen Reinhardt y un candidato más sólido como Santilli en tercer lugar.
Espert era visto como un traidor al PRO por haberse pasado a La Libertad Avanza, lo que hacia más difícil que Macri pidiese el voto para él. Solo si Santilli quedara a la cabeza de la lista, Macri saldría a hacer campaña.
Un focus group sobre el voto mayoritario de los grandes distritos donde el no peronismo es fuerte —Córdoba, Santa Fe, CABA— parece haber identificado al votante del voto del medio, que quiere eludir la polarización entre “el soviético y el austríaco”: son en su mayoría mujeres, mayores de 31 años, avergonzadas y enojadas de que sus maridos se hacen los libertarios, urbanas y con educación media y superior. Explica que sea el voto que buscan opciones centristas como la de Somos Buenos Aires, los que se han comprometido con Provincias Unidas, el solitario Ricardo López Murphy en CABA o el PRO disidente de Córdoba, Oscar Agost Carreño».
La pretensión de «Las damas del voto del centro», el «votante del voto del medio» del que habla Zuleta podría coincidir con la búsqueda del «yerno macanudo». Después de haber tenido sentado en el sillón del living a un vago que trabajaba lo menos que podía, disponía cuarentenas eternas y emitía pagadiós, vino un pendenciero gritón que hizo cortar la luz por no pagar la factura y mandó vender la silla de ruedas. Después de eso la sociedad podría esperar a alguien con buenos modos, que hable pausado, que tenga trabajo y que proponga algo sensato para arreglar la casa en lugar de tirarla abajo.
La Argentina productiva es el mejor lugar de donde podría salir ese candidato y puede coincidir el lugar donde esté parado Rogelio Frigerio con el reclamo del momento.
Zugzwang
En el cuento Zugzwang, Rodolfo Walsh, conocido su afecto por el ajedrez, retrata el dilema del comisario Laurenzi de resultar perdidoso hiciera el movimiento que hiciese. Frigerio, antes de las elecciones, estaba en una situación parecida.
En ajedrez, zugzwang es una situación en la que un jugador está obligado a mover, pero cualquier movimiento que realice empeora su posición. El término proviene del alemán y significa «obligación de mover».
Frigerio, como el ajedrecista en zugzwang, comprendió que no había salida posible, pero decidió mover igual, actuar a pesar del costo. A sabiendas de que no siempre se puede ganar, eligió cómo perder esta elección para disputar la próxima.
La pérdida en la representación legislativa lo dejó vivo en el tablero, donde cada casillero es la próxima elección. Desde el domingo 26 de octubre a las 10 de la noche prepara su próximo movimiento.
Guillermo Pérez – Redes de Noticias
