
El gobernador de la provincia de Buenos Aires, Axel Kicillof, aseguró hoy ante la Asamblea Legislativa que «desde Paolo Rocca a Domingo Cavallo, desde Mirta Legrand a Carlos Melconian, todos le están señalando al presidente lo evidente: la Argentina no va bien» y agregó que «después de más de dos años de gobierno, no se cumplió ninguno de los pronósticos del presidente: no se produjo una recuperación rápida, en V corta, ni de ninguna clase».
Acompañado por el presidente de la Cámara baja, Alejandro Dichiara, y la vicegobernadora, Verónica Magario, el mandatario dio inicio al 154° período de sesiones ordinarias, donde ante diputados y senadores manifestó: «Vemos en cambio trabajadores despedidos o fuertemente endeudados a los que no les alcanza el salario, empresarios quebrados o al borde del cierre, jubilados pauperizados, estudiantes, docentes, artistas y científicos sin un mango».
En el mensaje ante ministros, miembros de la Suprema Corte, intendentes bonaerenses, legisladores nacionales y provinciales que brindó de pie, sobre un atril, también expresó: «Esta apertura de sesiones se produce en un año especial, este año se cumplen 50 años del último golpe militar. Hoy no vivimos en dictadura, pero sí somos testigos del ascenso de las extremas derechas que en muchos países están atacando la convivencia democrática, y la idea misma de comunidad» y apuntó que «tristemente, también nuestro país se convirtió en un laboratorio de una derecha extrema que llega al poder y gobierna exaltando el odio, consagrando al insulto y a la humillación como método político; es un proyecto que gobierna a fuerza de represión, violencia y amenazas, con persecución judicial y condenas injustas».
En ese marco, Kicillof remarcó que «tampoco es una coincidencia que este clima de autoritarismo vaya de la mano de proyectos económicos que generan exclusión, desigualdad y que vacían de contenido social a la democracia. Así, la sociedad se fractura progresivamente entre una minoría repleta de privilegios y mayorías repletas de privaciones».
Entre otros dirigentes, estuvieron presentes los diputados nacionales Jorge Taiana, Juan Grabois, Huguito Moyano, Victoria Tolosa Paz y Hugo Yasky, el exgobernador Felipe Solá. También, la titular de las Abuelas de Plaza de Mayo, Estela de Carlotto; la jueza de la Corte Hilda Kogan; el fiscal de Estado, Hernán Gómez; el presidente del Tribunal de Cuentas Federico Thea; el secretario permanente del Jurado de Enjuiciamiento de Magistrados de la Provincia, Ulises «Coco» Giménez.
El gobernador describió el contexto económico actual como un escenario sin lugar “para fantasías ni voluntarismos” y aseguró que incluso referentes admirados por la derecha hablan de estanflación, “la peor de las combinaciones: recesión e inflación”. Según planteó, tras más de dos años de gestión “no se cumplió ninguno de los pronósticos del presidente” y lo que se observa es una realidad marcada por despidos, endeudamiento y caída del poder adquisitivo. En ese marco, citó una advertencia que -según dijo- atraviesa distintos sectores: “La Argentina no va bien”.
Al repasar indicadores, señaló que el consumo masivo cayó con fuerza -ventas minoristas 10 puntos abajo y mayoristas 20%- y que productos básicos como leche, carne y yerba están en mínimos históricos. Remarcó además que la morosidad “se triplicó” en el último año, con un 9,3% de créditos impagos y niveles aún mayores fuera del sistema bancario. A la par, sostuvo que “casi todos los sectores productivos se desplomaron”: la industria cayó 10%, la construcción 26% y el comercio 6%, mientras que desde la asunción de Milei “cerraron cerca de 30 empresas por día”.
También advirtió que muchas firmas trabajan con la mitad de su capacidad instalada -apenas 53,8% en promedio. y que la inversión extranjera directa registró saldo negativo por primera vez en 22 años. En términos laborales, afirmó que “cada cuatro minutos se pierde un puesto de trabajo registrado” y puntualizó que ya son 299.600 los empleos formales destruidos, con crecimiento de la informalidad. Definió que “la macro está mal y la micro está horrible” y que el supuesto crecimiento que exhibe el Gobierno “es en realidad el crecimiento de la desigualdad”.
Cuestionó el rumbo del oficialismo, al señalar que aspira a “destruir el Estado, a destruir la industria nacional y a imponer en Argentina lo que llaman el ‘modelo de Perú y Paraguay’”. A su entender, ese esquema implica “primarización productiva y precarización laboral” y pone en riesgo la salud pública, el sistema universitario y la clase media».
«Si seguimos 6 años más en este rumbo, Argentina corre peligro de perder sus rasgos productivos y culturales más destacados como país y como sociedad. Este no es ‘un ajuste más’: es una disputa por el tipo de país que aspiramos a ser”, manifestó. Atribuyó esa crisis “al programa económico del Gobierno nacional”, dijo que “no es un plan basado en la libertad de mercado” dado que hay precios clave que el gobierno fija y controla estrictamente: el tipo de cambio, los salarios y jubilaciones, la tasa de interés y las tarifas”.
Luego, sostuvo que el esquema económico parte de un “dólar artificialmente bajo” que funciona como ancla inflacionaria pero resulta “profundamente dañino para la producción nacional”. Señaló que no hace falta un debate técnico para advertir el problema: cuando es más barato veranear afuera o cruzar la frontera para cargar nafta, “el problema no es la ‘falta de competitividad’”, sino “un nivel de tipo de cambio desfavorable para la producción”. Para sostener ese esquema -afirmó- el Gobierno recurrió a más deuda con el FMI, fondos extranjeros, blanqueos y “un rescate inédito de Trump con consecuencias desastrosas para nuestro futuro”.
A ese dólar barato, añadió, se le sumó la apertura importadora, una “combinación devastadora para la industria nacional”. También cuestionó que salarios y jubilaciones se utilicen como anclas, con “paritarias pisadas” e ingresos que pierden frente a la inflación: “La única estabilidad que produce bajar la inflación a costa de los ingresos es la paz de los cementerios”. En paralelo, criticó las tasas de interés “artificialmente altas” que alimentan la bicicleta financiera y generan rendimientos del 88% en dólares, lo que calificó como “un fenomenal subsidio para la especulación” pagado por el Estado.
En ese marco, definió el esquema general como claro: “dólar barato que desalienta la producción, importaciones que desplazan trabajo argentino, salarios reprimidos que hunden el consumo, tasas altas que premian la especulación y un ajuste fiscal que quita derechos”. La llamada “motosierra”, dijo, no recortó privilegios sino jubilaciones, obra pública y universidades.
Para el mandatario, se trata de “un modelo que favorece a la renta financiera” y debilita a la industria, las pymes y la clase media. “Las fábricas no solo fabrican cosas. Cada fábrica, fabrica un país”, afirmó, y consideró que la desintegración del tejido industrial es “un crimen social”.
Más tarde, el gobernador apuntó contra lo que describió como una narrativa que culpa a las víctimas. “Fracasaste”, dijo que se les dice a quienes pierden su empleo o deben cerrar sus empresas. Frente a eso, respondió: “no sos vos, es el rumbo económico”, “no sos vos, es el ajuste”, “no sos vos, es que hay un gobierno nacional que te abandonó”, «es el rumbo económico y su insensibilidad» y “Argentina, no sos vos, ¡Es Milei!”, resaltó.
La defensa del Estado
«Esta tragedia no es inevitable. Esta realidad se puede cambiar», prosiguió. En ese contexto, Kicillof cuestionó la idea de que “el Estado no debería existir” y advirtió que, mientras ese discurso sea aceptado por sectores empresarios y dirigenciales, será difícil iniciar una etapa de desarrollo. Sostuvo que “se puso de moda hablar mal del Estado justo cuando más lo necesitamos” y rechazó la noción de que la “mano invisible del mercado” pueda defender la producción nacional, construir infraestructura o generar empleo en un contexto de transformaciones tecnológicas y tensiones comerciales. “La mano invisible del mercado no existe, es un verso”, afirmó.
Si bien planteó que se puede «discutir el tamaño y las funciones del Estado», remarcó que sin Estado “no hay más libertad; hay ley de la selva”. A su entender, un Estado eficaz y transparente es una herramienta para corregir desigualdades, proteger intereses nacionales y promover el desarrollo, y advirtió que sin abandonar esa “zoncera”, “Argentina no tiene destino”.
Posteriormente, el gobernador sostuvo que el plan económico nacional es “anacrónico” y va “a contramano del mundo”, en un contexto global donde los países fortalecen sus capacidades productivas, protegen recursos y planifican. Señaló que mientras Europa, México, Brasil e incluso Estados Unidos defienden sus industrias y disputan cadenas de valor, la Argentina “desmantela cualquier tipo de protección” y expone su producción. En ese marco, afirmó que soberanía no es un gesto simbólico sino “defender la industria nacional, defender nuestros recursos y cuidar el trabajo argentino”.
Frente a lo que definió como un “Estado nacional desertor”, planteó que la Provincia debió convertirse en “escudo y red” para proteger a su población, pese a la “asfixia financiera” derivada de recortes de fondos. Destacó inversiones en salud, educación, seguridad y obra pública, subrayando que para su gestión “la salud es un derecho, no una mercancía” y que “la educación pública no es un gasto: es la base del derecho al futuro”. También defendió la inversión en seguridad, al señalar que “no hay seguridad posible sin fuerte inversión pública”, y vinculó la política de prevención con un proyecto más amplio de desarrollo social.
En materia productiva y federal, reivindicó un modelo que promueva infraestructura, financiamiento, arraigo y agregado de valor en el interior bonaerense. “Desarrollo federal significa que nadie quede afuera”, afirmó, al tiempo que anunció medidas para aliviar a contribuyentes cumplidores y regular el trabajo en plataformas digitales con más derechos y protección.
Finalmente, sostuvo que “no hay soluciones provinciales para una crisis nacional” y que “ninguna provincia se salva si el país se hunde”, por lo que llamó a “cambiar el rumbo nacional”. Rechazó la idea de que el ajuste sea inevitable: “Esto no es inevitable, no es una tragedia natural”, aseguró, y atribuyó la crisis a “decisiones políticas”. Frente a ese escenario, planteó una consigna central: “HAY OTRO CAMINO”, uno que permita bajar la inflación sin destruir la industria y el trabajo, integrarse al mundo sin someterse y recuperar un proyecto de desarrollo “productivo, federal y bien nacional”.
También estuvieron los intendentes Federico Otermín (Lomas de Zamora), Julio Alak (La Plata), Fernando Espinoza (La Matanza), Julián Álvarez (Lanús); Gastón Granados (Ezeiza), Federico Achával (Pilar), Mario Secco (Ensenada), Damián Selci (Hurlingham) Mariel Fernández (Moreno), Marisa Fassi y Gustavo Arrieta (Cañuelas), Nicolás Mantegazza (San Vicente), María Celia Gianini (Carlos Tejedor), Héctor Olivera (Tordillo) y Alberto Gelené (Las Flores).
Además, Jorge Gaute (Alberti), Erica Revilla (General Arenales), Gustavo Cocconi (Tapalqué), Juan de Jesús (La Costa), Leonardo Boto (Luján), Sebastian Walker (Pila), Javier Gastón (Chascomús), Andrés Watson (Florencio Varela), Hernán Arranz (Monte Hermoso), David Angueira (Punta Indio), Carlos Ferraris (Leandro N. Alem), Mauro Poletti (Ramallo), Walter Wischnivetzky (Mar Chiquita), Fabián Cagliardi (Berisso), Juan Manuel Álvarez (General Paz) y Sebastián Ianantuony (General Alvarado).
Entre los dirigentes gremiales se encontraron: Héctor Dáer (FATSA), Fabiola Mosquera (UPCN provincia), Cristian Vander (FOEESITRA), Hugo «Cachorro» Godoy (CTA Autónoma), Roberto Baradel (Suteba), Oscar de Isasi (ATE nacional), Claudio Arévalo (ATE provincia).