Redes de Noticias

El dólar oficial avanzó por quinto mes consecutivo en agosto y se consolidó por encima de los $1.500


El dólar mayorista cayó en la última jornada del mes, y se mantuvo en el centro de la escena financiera durante el cierre de agosto tras subir por quinto mes consecutivo.

Después de varias ruedas en las que el Gobierno había buscado contener al mayorista por debajo de los $1.500, la estrategia cambió: el tipo de cambio comenzó a moverse con mayor libertad y terminó consolidándose por encima de ese nivel.

En este contexto, el dólar mayorista retrocedió 0,2% ($3,5) hasta los $1.508,5 y se mantuvo a un 24,6% del techo de la banda, que hoy se ubicó a $1.879,92. En el mes, el tipo de cambio avanzó $23,5 (1,6%). En la jornada, se operaron más de u$s593,5 millones en el segmento de contado.

En tanto, los contratos de dólar futuro anotaron mayoría de bajas en los tramos de 2026. El mercado «pricea» que el tipo de cambio mayorista se ubicará a $1.536,5 para fines de septiembre y que lo hará a $1.621 para el cierre de diciembre. En total, se operaron unos 2.251 millones.

A su vez, a nivel minorista el billete verde bajó a $1.530 para la venta en el Banco Nación (BNA), lo que lleva el dólar tarjeta para compras en el exterior a ubicarse a $1.995. Según el relevamiento de entidades financieras que elabora el Banco Central (BCRA), el tipo de cambio minorista se ubicó en un promedio ponderado de $1.531,51.

Entre los paralelos, el dólar blue se volvió a situar a $1.555 para la venta, según un relevamiento de Ámbito en cuevas porteñas. El dólar contado con liquidación (CCL) pierde 0,6% a $1.598,84 y el MEP retrocede 0,2% a $1.534,91.

El chief economist de Aldazabal y Cía., Mariano Ortiz Villafañe, destacó que en agosto, las colocaciones de deuda hard-dollar de corporativos y provinciales totalizaron u$s937 millones, menos de la mitad del monto de julio. «La caída estuvo asociada a un escenario más desafiante para los emisores locales, por la mayor incertidumbre global con tasas en alza en EEUU y la suba del spread soberano de Argentina», agregó.

En ese sentido, el especialista indicó que la mayor parte correspondió a emisiones de ONs con legislación argentina. «No se registraron provincias saliendo al mercado internacional en el mes. En lo que va del año, las colocaciones promedian u$s1.670 millones por mes», puntualizó.

La modificación no fue menor. Durante las semanas previas, la defensa de un techo informal para el dólar había contribuido a reducir la cantidad de pesos disponibles y a tensionar las tasas de interés de corto plazo. Con una actividad económica que todavía muestra dificultades para ganar dinamismo, el equipo económico optó por otorgarle mayor flexibilidad al frente cambiario y aliviar las condiciones monetarias.

El movimiento también estuvo en línea con el debilitamiento de otras monedas de la región: durante la semana se depreciaron el real brasileño, el peso mexicano, el peso chileno y el sol peruano.

Del techo de $1.500 a una mayor flexibilidad

El cambio comenzó a hacerse visible después de más de tres semanas en las que el Gobierno había administrado al dólar alrededor de los $1.500. La estrategia había tenido como contrapartida una fuerte tensión sobre la liquidez y las tasas.

Según un informe de 1816, sostener ese techo virtual llevó a que la tasa interbancaria superara el 28% promedio durante la semana previa, un nivel que no se observaba desde fines de febrero. En ese contexto, el BCRA terminó inyectando $1,3 billones mediante la compra de la Lecap S31G6, en la mayor operación expansiva de mercado abierto desde enero. Las tasas comenzaron a bajar y, pocas ruedas después, el dólar superó los $1.500.

La decisión reflejó un cambio en las prioridades de corto plazo. De acuerdo con GMA Capital, el Gobierno pasó de intentar sostener un determinado nivel del dólar a descomprimir las condiciones monetarias, ante las tensiones que comenzaban a acumularse en el mercado de tasas.

El efecto fue rápido. La caución a un día, que llegó a tocar un máximo intradiario de 37,5%, retrocedió posteriormente hasta 20,7%. Al cierre de la semana, la Lecap a 30 días y la TAMAR también se habían estabilizado en torno al 25%.

Esto no significa, sin embargo, que el Gobierno haya dejado de administrar el mercado cambiario. Durante la semana continuaron las intervenciones en futuros y en instrumentos dólar linked, especialmente alrededor del «fixing» de los bonos vinculados al dólar. Incluso el viernes se observó un elevado volumen en estos instrumentos.

El esquema, por lo tanto, parece haberse desplazado desde una defensa rígida de los $1.500 hacia un rango de mayor tolerancia. Desde Outlier señalaron que el techo de facto se corrió hacia la zona de $1.500-$1.515, manteniendo una lógica de intervención activa.

La otra variable que el mercado sigue de cerca son las reservas internacionales. En las últimas ruedas, el Banco Central consiguió acelerar nuevamente las compras de divisas después de varias jornadas con intervenciones más reducidas.

El jueves, la autoridad monetaria adquirió u$s93 millones, la compra diaria más elevada de agosto. Con ese resultado, el saldo comprador del mes alcanzó los u$s640 millones, mientras que las adquisiciones acumuladas durante 2026 llegaron a u$s13.967 millones.

Las reservas internacionales brutas, en tanto, aumentaron u$s77 millones hasta u$s50.860 millones, nuevamente cerca de la barrera de los u$s51.000 millones.

La mejora de las últimas jornadas, sin embargo, no alcanza para revertir una característica central de agosto: el BCRA redujo significativamente la velocidad a la que venía acumulando divisas.

De acuerdo con GMA Capital, durante agosto el Central compró en promedio alrededor de u$s35,6 millones diarios, frente a los u$s93 millones diarios registrados en julio. La consultora interpretó la dinámica como una administración más pragmática del equilibrio entre dólar, tasas y reservas: permitir algo más de volatilidad cambiaria ayudó a descomprimir las tasas, aunque a costa de mantener un ritmo más moderado de acumulación de divisas.

El desafío de acumular reservas

La cuestión de las reservas vuelve así a ganar relevancia de cara a los próximos meses. El Gobierno necesita continuar fortaleciendo el balance del Banco Central al mismo tiempo que busca evitar que una política monetaria demasiado restrictiva afecte todavía más al crédito y a la actividad.

El dilema quedó expuesto durante agosto: contener demasiado al dólar requirió retirar pesos del mercado y terminó presionando las tasas, mientras que otorgarle mayor libertad al tipo de cambio permite aliviar las condiciones monetarias pero puede dificultar la acumulación de reservas o generar una depreciación mayor.

De hecho, 1816 señaló que, con controles de capitales acotados, resulta difícil administrar simultáneamente durante períodos prolongados el precio del dólar spot y la tasa de interés. Aunque formalmente el tipo de cambio flota y la tasa es endógena, en la práctica el equipo económico viene interviniendo sobre ambas variables.

La incógnita para septiembre será hasta dónde está dispuesto el Gobierno a permitir que avance el tipo de cambio para sostener ese equilibrio y, sobre todo, si el mayor margen cambiario logra convivir con una acumulación de reservas más rápida, uno de los puntos que continúa bajo la lupa del mercado.

Fuente: Ambito

Facebook
Twitter
WhatsApp

Deja un comentario