
La última encuesta sobre la gestión de Javier Milei realizada por la consultora Zuban Córdoba & asociados, suma un dato que va más allá de la desaprobación y abre una señal de alerta para el Gobierno: la percepción de que el país va en la dirección incorrecta aumentó.
Según el relevamiento de abril de 2026, el 63,6% de los consultados considera que la Argentina va por el camino equivocado, mientras que solo el 28,3% cree que el rumbo es correcto. Esto es un indicador clave ya que no solo mide evaluación de gestión, sino también expectativas hacia el futuro.

El dato se da en un contexto donde el malestar económico sigue siendo dominante. El 55,2% de los encuestados asegura que su situación económica empeoró en el último año, mientras que apenas un 7,6% afirma haber mejorado. A su vez, un 19,3% sostiene que se mantiene “igual de mal”, lo que refuerza un escenario de deterioro sostenido en las condiciones de vida.

En paralelo, los principales problemas mencionados siguen concentrados en el bolsillo. Llegar a fin de mes encabeza el ranking con el 22%, seguido por la inflación (16,9%) y el deterioro del salario (16,3%), lo que confirma que la preocupación económica continúa siendo central.

A diferencia de otros momentos, donde el respaldo al gobierno podía sostenerse en la expectativa de mejora futura, el relevamiento muestra ahora una coincidencia entre el malestar presente y una visión negativa del rumbo, un factor que históricamente tiende a erosionar con mayor fuerza el capital político de las gestiones.
En términos de imagen, la gestión de Milei registra un 33,9% de aprobación frente a un 65% de desaprobación, consolidando una tendencia negativa en la evaluación general.

¿Qué significan estos números?
El dato más relevante que arroja la encuesta no es solo la foto actual, sino el cambio en la percepción del rumbo. Desde sus comienzos, el gobierno encabezado por Javier Milei, levantó una bandera ideológica y política que le fue suficiente para llegar donde llegó.
Bajo los lemas “anticasta”, “estado vs. mercado”, de batalla cultural, el libertario logró conmover a una sociedad totalmente desesperanzada. Durante sus primeros meses, e incluso año de gestión, existió una desconexión entre las cuestiones políticas y económicas en el imaginario social oficialista que fueron indispensables para la conformación y mantenimiento de su poder.

En los últimos meses esa tendencia comenzó a debilitarse. Un mal presente económico, sobre todo personal, sumado a la percepción de un mal rumbo de país, genera una alineación negativa que resulta peligrosa para el gobierno. En general, estos fenómenos aceleran la crisis de apoyo, lo que obliga a cambios de estrategia.
En ese sentido, La Libertad Avanza se ha demostrado, en los últimos meses, más disponible a esas modificaciones que en su génesis, pero igualmente no es un espacio que le quede cómodo.
Otro punto a destacar es la “no” oposición. La caída de la imagen del gobierno no se da ante la aparición de una oposición fuerte que haya generado su desvalorización. El contexto en el cual se mueve hoy en día es incluso favorable en términos estrictamente políticos.

De hecho, el peor karma del equipo mileista sería el armado de una oposición fuerte y sólida, que probablemente sea lo que suceda de cara a las elecciones del año que viene.
Es por eso que, si el presidente quiere seguir en flote, la estrategia mas inteligente, y la que al menos actualmente parece ser la única, es la del “volantazo”. Difícilmente una sociedad perdida en el rumbo del gobierno, al que votó, se atreva a cometer el mismo error. El salto de fe ya sucedió, pero el animal no tropieza dos veces con la misma piedra.
Fuente: Perfil