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La caída del petróleo pone sombras sobre el dólar planchado y el superávit energético

El esquema económico actual combina tres pilares: superávit fiscal, superávit comercial y desaceleración inflacionaria con ancla cambiaria. Desde la asunción de Javier Milei, el dólar mayorista oficial subió 314% en términos nominales si se toma como punto de partida noviembre de 2023. En el mismo período, la inflación acumulada fue de aproximadamente 265%. El resultado es una devaluación real del orden del 21%.

La corrección inicial de diciembre de 2023 recompuso competitividad. Pero desde entonces el tipo de cambio corre por debajo de la inflación, generando una apreciación real progresiva.

Ese atraso es sostenible hoy porque el frente externo muestra superávit y dentro de ese superávit, el componente energético es central.

Vaca Muerta dejó de ser un factor compensador y pasó a convertirse en uno de los principales generadores de divisas. Con exportaciones cercanas a los 350.000 barriles diarios, Argentina podría exportar alrededor de 128 millones de barriles anuales.

En ese contexto, el precio internacional del petróleo se vuelve determinante.

Por cada 10 dólares que cae el Brent, Argentina pierde aproximadamente 1.280 millones de dólares al año en ingresos por exportaciones. Si el precio bajara de 80 a 60 dólares, la merma rondaría los 2.500 millones de dólares.

Considerando que el superávit comercial anual se ubica en torno a los 15.000 a 18.000 millones de dólares, una caída de esa magnitud implica resignar entre 14% y 17% del saldo positivo.

El modelo no entra automáticamente en crisis ante ese escenario pero el margen se reduce. Con menor ingreso de divisas, el atraso cambiario deja de ser neutro y comienza a tensionar reservas, expectativas y dinámica cambiaria.

La pregunta estructural ya no es solo si la inflación seguirá bajando, sino cuánto tiempo puede sostenerse un tipo de cambio que crece por debajo de los precios internos en un contexto internacional menos favorable.

Dólar, inflación y petróleo: el nuevo equilibrio externo bajo presión

Desde la asunción de Javier Milei, el esquema económico argentino se apoya en tres pilares: superávit fiscal, superávit comercial y desaceleración inflacionaria con ancla cambiaria.

Si se toma como punto de partida noviembre de 2023 —antes de la devaluación inicial— el dólar mayorista oficial pasó de 365 a 1.510 pesos hacia enero de 2026, lo que representa una suba nominal de 314%. En el mismo período, la inflación acumulada fue cercana al 265%. El resultado es una devaluación real aproximada del 21%.

El dato es relevante porque muestra que, pese al fuerte salto inicial de diciembre de 2023, el tipo de cambio luego comenzó a correr por debajo de la inflación. Desde mediados de 2024 se observa un proceso de apreciación real progresiva.

Comparación histórica: cuándo el dólar quedó atrás

No es la primera vez que la economía argentina transita este mecanismo.

1. El antecedente 2017

Durante 2016 y 2017, bajo la presidencia de Mauricio Macri, el tipo de cambio también avanzó por debajo de la inflación. El país se encareció en dólares y el atraso cambiario se financió con endeudamiento externo.

La diferencia central con la situación actual es que hoy existe superávit fiscal y comercial, mientras que en 2017 el déficit externo era creciente. Sin embargo, la dinámica de apreciación real presenta similitudes.

2. El período 2011–2015

En el segundo mandato de Cristina Fernández de Kirchner, el cepo cambiario mantuvo al dólar oficial retrasado frente a la inflación. El resultado fue pérdida de reservas y presión creciente sobre el mercado paralelo. La corrección llegó en 2015 con unificación cambiaria.

La situación actual no replica ese esquema rígido, pero sí comparte el fenómeno de encarecimiento en dólares.

3. La convertibilidad

Durante la década del noventa, con el régimen 1 a 1, la inflación local fue levemente superior a la internacional. Sin ajustes nominales, el tipo de cambio real se apreció en forma sostenida hasta que la economía perdió competitividad.

Hoy no hay tipo de cambio fijo, pero el crawling peg al 1% mensual produce un efecto similar cuando la inflación todavía se ubica por encima de ese ritmo.

El rol determinante de la energía

La diferencia estructural con aquellos episodios es el frente energético.

Vaca Muerta se convirtió en uno de los principales generadores de divisas. Con exportaciones estimadas en torno a 350.000 barriles diarios, Argentina podría colocar en el exterior aproximadamente 128 millones de barriles anuales.

Ese volumen convierte al precio internacional en una variable macroeconómica crítica.

Si el Brent crude oil cae 10 dólares, el país pierde cerca de 1.280 millones de dólares anuales en ingresos por exportaciones. Si el precio bajara de 80 a 60 dólares, la merma rondaría los 2.500 millones.

Con un superávit comercial estimado entre 15.000 y 18.000 millones de dólares, esa caída implicaría resignar entre 14% y 17% del saldo positivo.

El nuevo punto de tensión

El atraso cambiario no genera crisis automática mientras el superávit externo sea robusto. Pero el margen se vuelve más estrecho si el precio del petróleo retrocede o si el ingreso de divisas pierde dinamismo.

La experiencia argentina muestra que los procesos de apreciación real son sostenibles cuando están respaldados por financiamiento externo o por superávit estructural. Cuando alguno de esos soportes se debilita, el tipo de cambio vuelve al centro de la escena.

La pregunta ya no es solo cuánto puede seguir bajando la inflación, sino cuánto tiempo puede sostenerse un dólar que crece por debajo de los precios internos en un contexto internacional potencialmente menos favorable.

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