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Nada nuevo bajo el sol otoñal – Por Emiliano Damonte Taborda

Después de algunos meses sentarme a escribir se vuelve una cuestión de fuerza mayor; no hacerlo equivaldría a quedarme callado no usando el medio que mejor me permite expresar lo que pienso. ¿Cómo llegamos hasta acá? Dos años de cambios cosméticos y costosísimos para la sociedad, que por el momento solo terminaron pagando, como siempre, los más débiles de la cadena, nada nuevo; evitaré hablar hoy de las últimas deslumbrantes actuaciones de Manuel Adorni, de la causa ANDIS y de la evolución de la causa Libra, un montón para poco más de dos años de gestión; o del giro filolibertario de la administración porteña; o del discurso descocado de la ex presidenta que le pregunta a los jueces dónde están los 20.000 palos.   
 
República Argentina

 

República Argentina

Dos años de cambios cosméticos

La torpeza de aquella primera Ley de Bases era un presagio feo. Con más de seiscientos artículos terminó diluyéndose en muy poco y marcó el comienzo de un par de años parlamentarios que dejaron expuesta toda la torpeza política del Presidente y su incapacidad para lograr acuerdos. Siempre ofensivo, parecía que le costaba bajarse de la campaña electoral y trataba con las administraciones provinciales desde el apriete económico, incapaz de comprender que el Parlamento te puede bloquear una gestión y que no es posible legislar por vía de decretos, vetos y judicialización. 

 

Los cambios estructurales que se planteaban fueron quedando en el tintero y si juzgamos por la agenda de reformas que se planteó en campaña, nada importante se hizo en dos años. Cierre de organismos desprestigiados por desastrosas gestiones como el caso del INADI y cortes presupuestarios en sectores sensibles como la educación y la discapacidad. La reforma laboral de estos últimos meses es una reforma edulcorada que no sirve de nada sin la compañía de una reforma fiscal y que mantiene finalmente los provilegios de los sindicatos intactos. Había que sacarla y se sacó, pero nadie que entienda del tema espera que esta reforma mejore la situación del empleo en la Argentina. Nada de fondo por el momento.

 

Otra vez el valor de la «palabra presidencial»

Lo de la cripto no fue inexperiencia, fue otra cosa; olía a corrupción mixta con especulación financiera, estafa piramidal y venta de autos usados; tan espantosamente impúdica fue la maniobra que nos dejó atónitos, buscando explicaciones, con la idea de que se nos estaba escapando algo, que debía haber algún detalle que se nos hacía invisible. Fue en ese momento que el Gobierno perdió algo que en los primeros meses había manejado bien y es el ritmo y temario de la agenda. Fue la cena de Olivos de Milei, una bomba a la palabra presidencial que no hay manera de detener y que volverá cada vez que el Presidente falle, tal como le pasó a Alberto Fernández.

 
 

El abuso del relato y una realidad incontrastable

La eficacia de un relato es proporcional a la confirmación material del mismo. En otras palabras, si yo te cuento que mi presencia te está mejorando la vida, aunque esto no sea del todo cierto, será mucho más sencillo sostenerlo si comés todos los días, si te alcanza para arreglar las goteras de la habitación y ni te digo si podes comerte una pizza afuera una vez por mes. Esto lo sabe muy bien el Kirchnerismo, que construyó una visión de las cosas que resistió cuatro períodos presidenciales, con el intervalo que significó la presidencia de Mauricio Macri, un aviso de agotamiento que no supieron leer quienes manejaban el barco que terminó finalmente poniendosela de sombrero contra el Iceberg Alberto Fernández; pero el relato K se mantuvo vigente por más de veinte años y solo empezó a resquebrajarse durante la segunda presidencia de Cristina. Vacío de realidad, contenía sin embargo cierto valor literario y una épica que resonaba en la gente. 

El relato libertario carece de ambos atributos; no tiene valor simbólico y carece de todo contacto con la realidad. La salida en “V” que nos prometió Milei en su discurso de asunción en diciembre de 2023 jamás se verificó, y el planchazo letal que le pegaron a la economía para bajar la inflación tuvo efectos por el momento irreversibles. La inflación se estacionó en valores que rondan el 36 % anual y no se quiso mover más, el planchazo generó una contracción en la demanda que nos deja una actividad industrial manufacturera con valores de uso de la capacidad instalada del 53% (con caucho, plástico, metalmecánica, automotriz y textil por debajo del 30%) y una desocupación en crecimiento que a diciembre se ubicaba en 7,5 % y que en el último trimestre de 2025 registró una pérdida de más de 193.000 puestos de trabajo, todo esto de la mano de una apertura inescrupulosa de las importaciones en sectores que arrastran crisis de años y que fueron manoseados y maltratadaos por todas las gestiones. «Pero la macro está en orden» siguen repitiendo y sostienen que todo es sacrificable en el altar del déficit cero, incluso los jubilados que hoy en día ganan aproximadamente un cuarto de lo que necesitan para sobrevivir en el mundo real, tal como indica el prestigioso informe que la Defensoría del Pueblo de la Ciudad de Buenos genera semestralmente; por no hablar de los discapacitados. 

 

Hoy solo arrancando

Hoy solo quiero ponerme un poco al día con estos números que sigo puntualmente desde la página del Indec (del que se vio forzado a renunciar un Lavagna); evitaré hablar hoy de las últimas deslumbrantes actuaciones de Manuel Adorni, de la causa ANDIS y de la evolución de la causa Libra, un montón para poco más de dos años de gestión; o del giro filolibertario de la administración porteña; o del discurso descocado de la ex presidenta que le pregunta a los jueces dónde están los 20.000 palos. 

Hoy sobre todo busco recuperar el, por momentos amado y de a ratos detestado, impulso de escribir sobre nuestro día a día de la manera más honesta posible.  

 

Salutación

Por eso hoy más que nunca amici miei, incomodidad, espíritu crítico, acidez estomacal, que se les rompa el sillón, el banquito o la reposera (siendo invierno que se les vuele el poncho), les auguro dolor de ancas e inflamación del ciático para que no se queden tranquilamente sentados en los miedos del pasado, los relatos del presente y las promesas del futuro, y más que nunca: solidaridad, empatía, respeto por la dificultad del otro, generosidad y paciencia, espíritu crítico que más no se pueda, ojos abiertos y equilibrio emocional, les augura El Aguijón, que está de vuelta.

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